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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005. Resumen
Fortalezas lejanas Llegar a conquistar un reino es tarea ardua. Adueñarte de una región implica esfuerzos considerables. Anexionarte una ciudad es labor de desgaste. Las batallas son más inmediatas, y una escaramuza es imprevisible.Pero una fortaleza lejana es un reto. Tienes que recorrer todo un país, dar de comer a tus huestes, prever que habrá deserciones, abastecerte de material. Y arengar, sobre todo arengar, mantener el ánimo alto. Y no descuidarte en alimentar tu cuerpo y tu espíritu. Así hasta llegar a los muros de granito, altos muros fundidos con las paredes de una montaña imponente. Altos muros y labor dura la que hay que afrontar para asaltarlos. Llegados a una ladera de la colina desde la que se divisa el trofeo terrenal hay que montar el campamento y fortificarlo. Difícil trabajo que se encomienda a aquellos versados en la artes del disfraz pues podría colarse cualquier enemigo para sembrar el malestar entre los aliados, para adivinar los puntos débiles de nuestro asentamiento. Hay que evitar el ser rodeado por los rodeados. Y luego comienzas a ganar terreno. Poco a poco, ganas terreno, caen tus mejores hombres, lloras por las noches, afilas tu espada y al día siguiente de nuevo al ataque. Pequeños avances, pequeñas victorias, muros desmoronados, vino para celebrarlo. Y avanzas, logras hacerte con la muralla norte, desde ella se ve todo el bastión interior desguarnecido por unos lados, bien defendido en otros. Cuestión de tiempo. Y de arengas, arengas a tus hombres. Siempre arengando. No hay que cesar en el aliento pues ves los rostros de tus hombres ajados por el sufrimiento, marcados de lágrimas por el amigo caído, caracteres de acero surcando trozos de piel, todos ellos cansados. Pero cuando les preguntas siempre responden “venceremos”. Y de pronto llega una mañana, tienes dolores en la espalda, una mala caída al asaltar la escalinata del torreón del río hace que las noches no sean todo lo descansadas que te gustarían. La garganta reseca porque el vino nocturno te hizo dormir con la boca abierta y el estómago algo quejoso por la falta de un buen y tranquilo banquete reposado y bien cocinado. Das todo lo que puedes dar y sales de la tienda para saludar a las tropas...y no hay nadie. Solo una nota, pintada en un trozo de sabana colgada entre dos palos que servían de tendedero. “Lo sentimos, pero nos gustan las camas cómodas, el aliento de una mujer, el aroma de perfumes, el sabor del pan recién hecho,... siempre serás nuestro líder.” Clavas tu espada en el suelo, te arrodillas. Miras la fortaleza, ellos están allí, se han ido allí bajo promesas de mejores días. Tranquilos, quizás algo de mala conciencia, pero les compensa, son felices. Lloras..., montas a caballo y vuelves solo. ¿Quién sabe si buscando nuevos hombres, nuevas fortalezas que vencer, nuevos llantos que vertir?...¿quizás tu vida es conquistar fortalezas inconquistables?...¿quizás te crees lo que te dicen tus hombres, todos ellos, todas las veces, cuando te dicen que es conquistable? Tengo llagas en los dedos ...de escribir siempre cosas similares.Estas entradas son desde un lugar apartado del silencio. Un lugar donde el dolor es un amigo eterno que juega al ajedrez contigo. Mejor ese compañero de partida que otro con guadaña. Especialmente si el dolor ya es amigo y duele menos. Alguien dice de alguien lo grande que es. Y el alabado no sabe si eso le satisface, no lo tiene claro del todo debido a un punto de vanidad. Y no lo sabe porque sospecha que esa grandeza es la culpa de todos sus males. Ser grande cuando lo normal es ser pequeño no es bueno. Ser virtuoso en un mundo de pecados es un pecado en sí mismo, pero pecado poco vendible, es como ser inglés sin saber inglés. Pues vaya mierda. Al final uno no quiere ser grande, quiere ser pequeño, pero algo dentro de tu cuerpo te lo impide, no te deja hacerte minúsculo, hacerte una ameba como los demás, ser un guerrero que abandona el campo de batalla para comer una buena ración de perdices. Ser grande en Lilliput es un problema, eso ya lo sabía Swift. ¿Cuántas veces hay que romper la jarra para saber que es de cristal? En algunos casos siempre se sospecha que la jarra es de madera...pero al final se rompe. Curiosamente se rompe por el choque térmico no por tirarla al suelo. Y recoges los añicos, y piensas “demonios, la jarra mismo me dijo que era de madera”. Son tantas jarras rotas que ya no sabes donde escanciar tu soledad para compartirla. Tantas jarras sin lágrimas porque cuando llegaban las lágrimas ya estaba rota. La tranquilidad. Algunos no la poseen y la anhelan otros no saben lo que tienen. Todos deseamos despertar sonriendo, pero no tengo ningún paisaje guardado en mi bolsillo que se asemeje a nubes donde perderme. Soledad rodeada. Cuándo crees que encuentras a alguien que entiende el armenio resulta que, a mitad de conversación, te confiesa que prefiere el birmano y entonces dejas de hablar. Pero él sigue ahí, hablando birmano. Y tu no sabes birmano. El penúltimo, siempre es el penúltimo día de los días que quedan por sufrir la pena a la que te abonaste al nacer. Las sombras solo son sombras hasta que les pones un nombre. ¿Hay alguien ahí fuera? Se que es verdad. Al menos llueve. Por eso doy gracias. Al menos tengo al otoño para acurrucarme entre sus brazos. Soledad ficticia (I)Ella era gris. Ella era gris y no tenía alma porque la perdió en una mala jugada. Ella era gris y yo tenía solo dos minutos. Ella era como un día nublado de los que te gustaría guardar en los bolsillos. Ella era un sueño azul de color gris. Ella era un cometa que volaba demasiado lejos. Ella estaba ahí y yo solo era un suspiro de sus días. Ella sonreía con unos labios color mercurio y yo la miraba. Ella quería tener mas de dos minutos y yo solo le ofrecí algo de vino. Ella aparece muchos días y los minutos siempre son los mismos. Ella sabe que siente los colores ocultos y yo solo tengo hiel en mis palabras. |
Notas de Mr. KiteEl Presidente de Freedonia, A.G. Firefly, recoge los apuntes de Mr. Kite una vez que abandonó el circo.
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