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Notas de Mr. Kite

La Comuna de Madrid

La Comuna de Madrid

Leo y escucho noticias del movimiento de la Puerta del Sol de Madrid. El movimiento 15M, o Democracia Real, u otros nombres que están sonando por ahí. No puedo más que decir que tiene toda mi simpatía lo que está pasando, siempre desde la realidad de los hechos y la información del mundo que nos rodea. Sé lo que son las utopías, vivo en ellas toda mi puta vida, vivo en una constante idea del cómo me gustaría que fuera todo, al tiempo que deambulo inmerso en una realidad absolutamente despiadada con mi forma de entender el mundo y la vida. Siendo así no tengo más remedio que alegrarme de todo lo que está pasando.

Nada se va a cambiar, apenas nada. Como un buen amigo, amado primo, –no se me olvida esta expresión- me comenta, en estos casos lo mejor para revolver algo es recurrir a antiguos karatekas, a cuarenta y siete en concreto. Pero esto es muy radical y solo nos gusta leerlo en libros de historia, los asaltos a la Bastilla nos maravillan cuando nos toca de lejos. Y si no hubiera sido por ese asalto habrían tardado más en cambiar las cosas…y hubiera sido, como no hay más remedio, con los antiguos karatekas.

Es maravilloso ver como la gente anónima se reúne de forma asamblearia y empieza a sugerir ideas. Imagina y pide. Espíritu del mayo francés. Fantástico contrapeso a la legislación incesante impuesta por nuestra clase política, normativa que aturde al ciudadano obligándole a un comportamiento puede que anti natural. Quizás el ser humano no tenga que ser feliz, sino libre. No sé, es algo a pensar.

Pero esta pequeña revolución de conciencia se quedará en nada. No hay cambio real sin karatekas, así que yo me conformaría con que se revolvieran algunos pensamientos de los que manejan los hilos y pierdan un poco del dividendo que sacan de este sistema podrido y confieran más libertad a la gente. Es a lo máximo que aspiro apoltronado en un tresillo y tomándome una cerveza mientras otros pasan noches al raso en la calle protestando por unas ideas muy parecidas a las mías. Soy un simple cobarde, un vago de espíritu adocenado en la rutina y con pensamientos que quieren cambiar el mundo. Un ideólogo de pacotilla. Un desastre que escribe sus sensaciones pero que no hace casi nada por ellas.

Una compañera, muy inocentona ella, me hablaba hoy de cambiar las cosas, de que estos movimientos cambian el mundo y de que hay que votar las minorías. Su inocencia verborreica encierra una mezquina forma de ver la vida pues considera que la gente que no piensa igual es, en sí y por esencia, gente sospechosa, personas que siempre tienen segunda intención mientras que ella se considera pura. Aquí no hay nadie puro y mi compañera es tan sectaria que basta que un mensaje se lo diga una persona u otra para que opine de forma distinta ante el mismo mensaje. Y en cuanto a votar a minorías, la simpleza del razonamiento se cae por su propio peso. Una minoría ampliamente votada se convierte en mayoría y financiaría un nuevo sistema con jerarquía de clases. Ningún movimiento similar a este cambia nada. Como comentaba antes, me conformaría con que hubiera modificaciones que concedieran más libertad y derecho de participación al ciudadano. Y eso no se consigue, tal y como dicen los de la Comuna de Madrid –me gusta pensar en la equivalencia con la de París de 1871- votando a PP o PSOE…pero tampoco votando a IU. Yo creo que solo se consigue no votando. Pero es mi idea.

¿Dónde están los cambios del mayo francés?, apenas queda nada. Y España no es Francia ni Madrid es París desde un punto de vista mediático. Paseando por la prensa internacional -esto de internet te permite ver cómo llegan las noticias a todos lados, tremendo avance- apenas hay eco de lo que sucede en la Puerta del Sol. Este hecho financia mi desconfianza al buen resultado y éxito de lo que está pasando, pero no por ello disminye mi simpatía, aún más, casi se incrementa. Quizás sea mi estúpida atracción por los perdedores...

En cualquier caso no me gustaría que apareciera en todo este torrente de ideas un sentimiento político, de clase política o de partido, como sustento del devenir ciudadano libre que parece que es el motor reivindicativo. Si eso ocurriera creo que el movimiento se fagocitaría a sí mismo y quedaría desnudo para mostrar lo más sucio que podría pasar, que estuviera dirigido. Este movimiento debería servir para enseñar varias cosas y una de ellas es que el concepto de izquierda y derecha está caduco. Hay que darle vueltas, y no una ni mil sino muchas más, a esa idea decimonónica que sirvió mientras que sirvió pero que ya no sirve para nada más que para enfrentar a la gente como si de un derbi futbolístico se tratara. No hay ni izquierdas ni derechas, ese truco es un truco del sistema. Hay ciudadanos que pretenden ser libres.

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