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Notas de Mr. Kite

Midnight in Paris

Como tabla salvadora de los días se me aparece el cine para que todo sea un poco más fácil. Y esa tabla me ha acercado a Woody Allen una vez más. Fui a ver Midnight in Paris. Maravillosa obra del talento neoyorquino, superando sus últimos devaneos con películas de interés dudoso y volviendo a su esencia más clásica, eso sí fuera de Nueva York lo cual es poco habitual en su filmografía pero frecuente en sus últimas obras desde Match Point.

Este Midnight in Paris me trae un torrente de nombres que han sido iconos en mis días, me imagino esta película hace años, cuando empecé a leer a Scott Fitzgerald, cuando leí a Hemingway, cuando me compraba libros sobre Dalí, cuando Gertrude Stein me atraía como fenómeno literario, cuando un amigo me comentaba que acababa de comprarse The Wasteland de Elliot, cuando escuchaba incesantemente a Cole Porter, cuando Kurt Weill se asomaba entre los sonidos americanos, cuando escribía sobre Max,…todo el ambiente del París de los años veinte que me subyugaba aparece en la película y me da una formidable lección de cómo acercarnos a ese mundo de fiesta, A Moveable Feast que escribió Ernest –lo que más me ha gustado por cierto de lo que he leído suyo-.

El protagonista caracterizado por Owen Wilson ejerce de Allen, es el típico personaje de sus películas pero el propio Allen ya está mayor para interpretar a un joven que está a punto de casarse con una guapísima Rachel McAdams haciendo de pija rica. Owen Wilson interpreta a Woody Allen con la misma gestualidad,los parones hablando, la forma de moverse…pero no es Allen. Es un problema pues uno siempre se imagina a Woody Allen haciendo de sí mismo y no es fácil que alguien le suplante con garantías, no porque Allen sea un gran actor sino porque es el que mejor se interpreta a sí mismo.

Dicho todo esto, el personaje de Wilson, Gil Pender es un escritor que vive enamorado de París y de los años veinte en París mientras que su novia y la familia de su novia pretenden que cambie esa manera de ver la realidad para que se centre en su prometedora carrera de guionista de Hollywood. El entorno es París en un viaje de negocios del padre de Inez, la novia de Gil. Y Gil nos brinda varios discursos allenianos con los cuales yo me identifico totalmente y luego percepciones sobre la ciudad luz, “París es mucho más bonito bajo la lluvia”, nos suelta frecuentemente Gil, frase que desagrada a su novia.

Y de pronto llega la magia de la película, aparecen los personajes de los años veinte, los emigrados. El momento de aparición de Fitzgerald es tremendamente especial para mí. Es mi icono literario, mi más querido autor, y cualquier referencia hacia él es para demostrar un talento que cuesta encontrar –lo último que me pareció cercano a las sensaciones que me provoca Fitzgerald fue “Revolutionary Road”-. Y Scott no aparece solo, aparece con Zelda, y luego Cole Porter, Picasso…y la magistral aparición de Dalí para hablarnos del Rhinocéros…

Todo esto para contarnos una historia de búsqueda al más puro estilo del director, alguien que no se encuentra pero que vive en una historia que le va llevando hacia algo que tampoco es lo que quiere...dejándose llevar. Y de pronto surge algo que le hace cambiar de rumbo, una historia de amor, una lluvia en París, una medianoche de ilusión.

Recuerdo mi última estancia en París...

Magnífica película, en versión original por supuesto, y con gente alrededor comiendo palomitas haciendo un ruido espantoso…hasta una mujer de dudoso gusto y estilo grotesco se estaba comiendo un perrito caliente. Deberían pensar muy seriamente en ciertas salas estas cosas. No entiendo como puedes ver una película de Allen en versión original con un perrito caliente. Es como ir a la opera comiendo gusanitos…pero bueno, al menos siguen existiendo salas en versión original. Yo por mi parte las palomitas las reservo para otras películas.

Y hoy volví a ver otra película de Allen, esta vez en casa, sin palomitas, y en versión original. Y me pareció entrañable el personaje de Harry Block, alguien perdido por su propia búsqueda. Todo ello contado con el finísimo humor de Allen. ¡Qué gran talento!

 

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