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Notas de Mr. Kite

Volviendo

Volviendo

Volver del desplazamiento estival, volver del estío, volver al hastío, juego con las palabras en juegos milenarios de sinrazón. La sinrazón que tan mala parece es la que envuelve cada uno de  nuestros pasos. Allá donde miro la observo, la contemplo, en mi vida y en la de los demás. La sinrazón es nuestra razón de ser porque nada de lo que hacemos se nos preguntó y si, alguna vez, hemos elegido era entre cartas marcadas por otros.

No elegimos apenas más que el color de nuestra camiseta, y tampoco pues solo puedes elegir entre los colores que te ofrecen. No hay otros, no hay bermellones de tintes amelocotonados, no hay púrpuras con toques saturnales, no hay ocres magmáticos ni violáceos de pétalos de alma tranquila.

No elegimos pero aún así seguimos con la creencia de que lo hacemos. Seguimos porque nos lo dicen, todos empujan la corteza de este movimiento rutinario en que convertimos nuestras vidas. Y la corteza se adapta, nos hace ser como se tiene que ser. La cuestión es lo que hay debajo de la corteza. Muchos no tienen nada. Otros tienen trozos de melocotón.

 

Volver, volver, volver...a aquello de lo que nunca salimos. Como en un tango porteño con la chica que nos abandona por un tipo barriobajero, pendenciero y con un físico imponente. Por ese malo al que las mujeres no saben decir que no porque su mirada las atraviesa y las hace sentir que tocan el cielo. Como un tango deslabazado. Volver, a no sabemos qué.

 

Ausencia

Ausencia

-          ¿Inspector?

William Soppot había entrado en el apartamento de Couldyun, había pedido al portero que le abriera la puerta. El portero tenía órdenes precisas del inspector para no dejar pasar a nadie que preguntara por él excepto al Sargento Soppot. Las ausencias del inspector al trabajo diario le llevaron a una sanción cuyo única consecuencia fue que permitiera a alguien del departamento que pudiera acceder a su domicilio en el caso de más de 4 días sin aparecer o dar señales de vida. En esta ocasión era más de una semana el tiempo que llevaban sin saber de Couldyun y el sargento Soppot decidió ir a saber de él.

El inspector estaba sentado en un sillón de cuero que una vez fue rojo y ahora parecía un marrón rojizo. Miraba por la ventana mientras escuchaba música,” Someone to watch over me”, Gershwin le apasionaba. Eran las 5 de la tarde y llevaba 3 horas escuchando música americana mientras miraba por la ventana. Barba de más de tres días le conferían un aspecto extraño, una mezcla de atractiva dejadez que a la vez sugería el comienzo de un desaliño demasiado descuidado para resultar interesante.

-          ¿Inspector?, soy el sargento Soppot,…William.

-          Hola William –el inspector respondió sin apartar la vista de la ventana.

-          Buenas tardes,

Arthur Couldyun tenía fama en el departamento de poco serio, sus ausencias llevaron a que se le abriera un expediente que finalmente quedó archivado. El motivo de archivarlo fue que el jefe del departamento, el sucesor de Hondson, decidió que valía más la pena un gran inspector, eficiente, que un funcionario que cumpliera su horario y no resolviera ningún caso. El sargento Soppot recordaba el caso que resolvió Couldyun tras la apertura de expediente, un caso de un supuesto suicidio que el inspector resolvió en tres días de interrogatorios e investigaciones hasta que el suicidio se transformó en un asesinato con confesión incluida. En solo tres días el inspector desmadejó el barullo del caso, que estuvo a punto de ser cerrado con la solución del suicidio. En solo tres días el inspector dejó claro que su trabajo no debía ser juzgado por sus ausencias.

Y ahora estaba de nuevo en una de esas ausencias. Tirado, en su apartamento, dirigió la mirada finalmente a Soppot.

-          William, usted tiene aspecto fornido, atractivo. Su físico, ¿le hizo triunfar de adolescente?

-          ¿Cómo dice inspector? –la cara de sorpresa le cruzó la expresión del rostro.

-          No me malinterprete William –el inspector se frotó los ojos como tratando de salir de  una rara ensoñación-, quiero decir si se sentía contento con su apariencia física.

-          Pues,…sí, supongo que sí.

-          ¿Supone? –a Couldyun no le gustaban esas respuestas, denotaban que no se había pensado mucho que decir y que la pregunta jamás había pasado por su mente.

-          Quiero decir, nunca me he parado a pensar en ello. Pero lo que si sé es que no me era ningún problema mi aspecto.

-          Lo imaginaba. El hecho de que no se hiciera la pregunta revela que nunca tuvo que hacérsela y, por tanto, que no era fuente de problemas ni de pensamientos.

-          Imagino que así es, inspector –William esperaba una explicación a la pregunta pero el inspector volvió a mirar a la ventana así que decidió ser directo- ¿Por qué lo pregunta?

-          Olvídelo William, solo pensaba que no es suficiente pensar en dos lunas cuando eres un adolescente.

 El inspector se levantó del asiento ante la sorpresa del sargento, que ni entendía la conversación ni las intenciones del inspector. La escena quedó cerrada con un comentario de Couldyun

-          Supongo que me esperan en el departamento, tendremos que ir para allá

 

 

Cartas

Cartas

 

-          He encontrado un par de cartas señor Soppot –comenzó a decir el inspector mientras paseaba por su despacho al tiempo que el sargento le seguía con la mirada-. Un par de cartas que evidencian que la última víctima y el asesino se conocían.

-          ¿Puedo verlas inspector?

-          En absoluto William, en absoluto.

El sargento William Soppot se quedó sorprendido ante la contundencia de la respuesta del inspector. Al fin y al cabo llevaba  tanto tiempo en el caso como él y se creía merecedor de poder analizar cualquier prueba.

-          Pero inspector, entonces ¿a quién va a presentar la prueba de que tenían alguna relación las víctimas y el asesino?

-          Esta, en concreto, estas cartas mi querido sargento, las pienso guardar bajo llave para que no vean la luz.

-          …¿¿¿pero???, no entiendo inspector

-          Yo tampoco William, pero una amiga me dijo una vez que sería mejor demostrar la verdad por madurez de la misma no por mostrarla cruda.

-          No le entiendo inspector. Y, ¿usted cree eso que le decía esa amiga?

-          William, no se lo que creo, no se si es mi amiga, y no se si fue eso lo que me dijo o si es una buena teoría pero, por las mañanas, cuando llega el día y golpea mi espíritu, sigue estando ahí…

-          ¿La teoría?

-          No…ella…

 

Nada

Nada

Nada…apenas hay nada. No tengo rasguños en las manos, solo siento zarpazos en la espalda y sangran arcoiris rosados. Los rastros de las ideas se quedan en un bote de pintura que está cubierto de una sonrisa gris. La sonrisa va y viene y yo me quedo embobado pensando el tiempo que puedo estar contemplándola. La historia está aquí y los días se suceden en juegos de persecuciones. La noche intenta atrapar al día pero este siempre se escapa en el último momento, cuando estando agarrado en segundos de amaneceres iridiscentes, se suelta para esperar el crepúsculo. Y así todo el tiempo.

Nada, relájate. Siéntate en el zaguán de tu casa de campo de amapolas. Mira cómo crece la hierba, escúchala, tienes tiempo. Oye como el sol cambia, cómo se mueven las nubes. Escucha atentamente. Espíritus de arroyos que tienen su vida y no son crípticos. Te cuentan lo que saben, nada más. Espíritus de praderas norteñas. No te dan discursos, son simples porque su vida es simple, susurrar, espíritus de vientos gélidos. Te hablan si les preguntas y te responden lo que vieron. No te mienten, tienen viajes largos como para perder el tiempo mintiendo.

Nada, mis manos siguen sin rasguños. Nada. Los días siguen yendo y viniendo.

Puzzle mental

Puzzle mental

La mejor canción que he escuchado en los últimos dos años golpea mis oidos. Posiblemente no sea la mejor canción que he escuchado en los últimos dos años. Pero a veces si lo es. Posiblemente no haya una mejor canción de los dos últimos dos años. Posiblemente un sonido golpea mi alma, quizás un sitio está esperando una procesión de luciérnagas, quizás el heroe está jugando al gin rummy, quizás la chica espera otro martini agitado, quizás las visiones son en colores, quizás antes haya un después, quizás llegas demasiado tarde a la manifestación de gritos ocres del palacio invernal.

Las llaves se caen de manos sin dedos y no hay puertas para abrir en mis pasillos…son demasiado largos y doy vueltas y vueltas sin saber dónde voy, solo disimulo con una mueca de estupidez y grito “vamos y permite lo que oyes” y nadie oye lo que digo porque no hay nadie en el pasillo, porque nadie puede entrar a un sitio sin puertas.

 

Lluvias de otoño caen en mi lugar, la nieve espera el llanto de las llagas de un mendigo que se entretuvo demasiado tiempo con sus días. No hay nada…

Tender Pan

Tender Pan

Ahora no hay días, porque simplemente son horas unas detrás de otras. Horas pasadas que se miran entre sí y no se entienden porque comparte minutos imaginarios cuyas lenguas son babelianas.

Ahora entiendo un poco mejor uno de mis libros, ese del soneto de Keats, ese de tender is the night. Homenaje a la pérdida, pero con guiños a mentiras constantes pues es lo que está bien. Mucho mejor ocultar el rostro. Mucho mejor dormir narcotizado esta noche. No me gusta el narcótico, ¿¿¿llegará Peter Pan esta noche a mi ventana???

Días

Días

Me levanto y el calor se muestra con un tesón incontestable. Mientras, dormidos, mis ánimos andan en pesadillas de colores ocres con futuros inciertos. Mi cuerpo se desliga de los ánimos de manera habitual y decide afrontar la rutina del día, como todos los días, con la mejor de las posturas. Es decir, con una postura poco agresiva. Es lo mejor que puedo ofrecer, y ni siquiera de manera sostenible.

 

Mis ánimos siguen enfrascados en luchas extrañas mientras mi boca se tuerce en mil muecas de asentimiento insatisfecho. Las manos, por su lado, van mecánicamente respondiendo a necesidades habituales marcadas por el ritmo monótono y ritual de todas las mañanas.

 

Apenas hay aromas que emocionen así que mi olfato ha decidido tomarse vacaciones, lleva de vacaciones tanto tiempo que me parece más una baja. Tendré que cambiar de colonia.

 

Me entretengo visualmente en navegaciones electrónicas, pero no dejan de ser otra rutina diaria, a la espera de oasis en forma de preguntas eternas y circulares. Esas que me hacen seguir un poco más, esas baterías de corta duración.

 

Y el sabor sigue siendo agrio, sobre todo si dejo que mis ánimos se pronuncien. Están batallando pero creo que ahora tienen un pequeño descanso. Veremos como se encuentran…

Porque este blog es una estupidez...

Porque este blog es una estupidez...

Me voy cayendo y no hay asideros, porque los asideros no existen porque no se donde encontrarlos, porque tendrían que estar dentro de mí, porque no hay nadie fuera, porque estoy solo, porque me duele, porque me duelo, porque nunca llevo razón, porque las mejillas tienen surcos, porque sabe a sal, porque me caigo, porque deslizo por un tobogán de estupidez, porque nadie lo merece, porque me denigro, porque no soy justo, porque tengo miedo, porque nada está en su sitio en mi cabeza, porque me equivoco una y otra vez, porque esto no tendría que escribirse, porque me esquivo a mi mismo, porque al final siempre me encuentro, porque me embarco en luces de neón que no se ven por la mañana, porque no veo finales a estos días, porque siempre hay otra piedra, porque cualquier piedra es suficiente, porque el charco de agua salada se agranda para irse para volver, porque siempre es igual, porque soy un gilipollas y no puedo evitarlo, porque no se si puedo, porque no tengo control en el borde, porque no soy buen jugador, porque ser yo no es fácil para mi, porque tampoco lo es para los demás, porque los caprichos son deseos infantiles, porque no debo haber crecido, porque las guitarras vuelan y las veo flotar, porque el mundo se entretiene mientras yo lo contemplo, porque en la adolescencia ya era igual, porque no se colocar las piezas, porque me quedo esperando, porque apuesto por esperar y no se si es un error, porque intuyo que sí, porque a veces acierto demasiado, porque una y otra vez tengo ganas de llorar.

Angustias por el sin sentido de las cosas, sinsentido absurdo generado por el sinsentido

Angustias por el sin sentido de las cosas, sinsentido absurdo generado por el sinsentido

No se dónde se encuentra el sentido cosmogónico, y me entretengo llorando entre rincones buscándolo. Falso, ni siquiera lo busco, simplemente me siento a contemplar como la ignorancia ancestral me consume entre girones de hiel. Es el tiempo del no pensar pues se me hace imposible desligar el sentir del pensar. Y no pensar también se me vuelve incontrolable. Y pasan los días y los rumores golpean las paredes de la habitación de los sueños tornándolos en pequeñas pesadillas, diminutas, trozos de mente descuidados, perdidos, sin rumbo...sin sentido.

Y este lamento, en sí, es otro sinsentido más. Y me duele la queja. Posiblemente yo sea el origen de tanto sinsentido, posiblemente yo no tenga sentido.

Y más de lo mismo...

Y más de lo mismo...

SEMANAS CONSTANTES

El viernes el zaguán tornasolado
el sábado discreto y acuciante
el domingo un preludio ya expectante
semana que se pasa por mi lado

cual extraño susurro agazapado
volver a las miserias aberrantes
volver a los infiernos sin ser Dante
pensando en la Beatriz enamorado

asi se pasan, días tan inciertos
desatinos, lagunas olvidadas
sentirse insatisfecho, desconciertos

luces de neón, mar de aguas saladas
es tiempo de desastres descubiertos
por antiguas razones no pasadas
 

Siempre igual...

Siempre igual...

VIEJA HISTORIA

Rumor que no me muestra las verdades
extraño padecer sin miramiento
por ser feliz y a cambio lo que siento
es mi cuerpo extenuado en ansiedades

Si rasgo con un surco mis maldades
con la lluvia rondando mis lamentos
si araño con mis uñas lo mugriento
de mi alma bien plagada de oquedades

es por ese cruel látigo que estalla
en los cuerpos de aquellos que sufriendo
cada instante de esta cruel batalla

en que yo ando perdido y sordo oyendo
la frialdad del silencio que no acalla
la pena entre aquellos que voy hiriendo
 

Un momento es muy poco tiempo...

Un momento es muy poco tiempo...

Couldyun estaba solo en su habitación pensando en las trazas que le quedaban para llegar al misterioso asesino. Hilaba pistas, desechaba hipótesis, cotejaba declaraciones…no sacaba nada y sonó el teléfono.

 

- ¿Hola? –preguntó con el saludo al tiempo que descolgaba

- Así que ahora eres todo un inspector eh? –sonó al otro lado. Una voz femenina, una voz recordada y olvidada. Una voz de un ángel que circuló alumbrando los días de hace muchos años.

- ¿Sibille?

- Hola Artie. ¿Aún recuerdas mi voz?

- Creo que tu voz no es lo que mejor recuerdo, pero no puedo olvidarla. Me tortura más levantarme cada mañana pensando en no contemplar tu sonrisa enmarcada en tu cabello rubio y sazonada con esa mirada de timidez que nunca entendí.

- Vaya, veo que sigues igual que siempre, manejando el lenguaje para que una chica sepa sentirse bien.

- Si sigo igual sabrás que no lo hago con cualquier chica.

- Sigues igual.

- No, ahora soy un poco más viejo, un poco menos paciente y un poco más acostumbrado a la tristeza, si es que uno puede acostumbrarse algo a eso.

- Sigues pensando que un momento es poco tiempo.

- Sí, eso sí, y que ninguno hemos pensado en el amor. Es un artículo deluxe lo que vaga por nuestras cabezas.

- Permitirías que una sonrisa tímida tomara un café contigo.

- Solo si pueden ser dos.

- Serán dos.

 

La conversación navegó por retazos de recuerdos y concreciones para la cita. Couldyun colgó y comenzó a llorar.

Día y noche

Día y noche

Definitivamente estoy perdido en el mundo que me rodea. Ando bordeando la ansiedad y la tranquilidad con idas y venidas de uno a otro sitio y con culpables en uno y otro lado y en el medio. El del medio soy yo que siempre soy culpable por ir de una situación a otra. Definitivamente ando perdido en estos días…quizás en estos meses,…quizás en estos años…quizás cuando me encuentro es solo una etapa de un camino cuyo estado natural es estar perdido y sin rumbo.

 

Detesto el cielo cuando cae

Detesto el horror cuando crece

Detesto el aliento desabrido

Detesto la sonrisa del ganador

 

Me detesto a veces, como poseedor de miles de lamentos sin sentido. Como pequeña marioneta del teatro de unos sueños no concretos. Como un engranaje del mundo que nos rodea con garras de metal. Me detesto a veces y otras veces prefiero acurrucarme entre pieles cálidas de un universo irreal.

 

El día se entretiene yéndose y el rumor de una noche más se acerca a mis oidos. Apenas unos minutos y el día se convertirá en otro deseo yermo y dormirá entre todos los días que se fueron para no incidir en nuestra incapacidad ante la felicidad. El día se va, las fuentes de los ojos se llenan, la sal nos da un sabor melancólico.

 

Hay días y días. Y noches que no suelen acompañar a los deseos. El crepúsculo es el adios del día, es la conversación en el rellano, larga porque el día quiere quedarse pero al fina la luna siempre le cierra la puerta.

Escribiendo lo de siempre

Escribiendo lo de siempre

El rumor de la presión por escribir algo medianamente bello me retuerce el alma entre las miserias habituales de mis palabras. No me sale lo bello, me sale lo difuso, el lamento confuso de siempre. Es como sembrar semillas de rosa pero que una hierba fea, pesada y descolorida sea lo que al final brote.

Escuchar el sonido de unos ojos llorando me recuerda a Los Flechazos. No soy original.

Imaginar ventanas tristes es curioso. Cuando llueve las ventanas lloran, las copas de vino tienen lágrimas. El vidrio son los ojos de una tarde lluviosa. Los días son solo trozos de sueños arrinconados, o al menos eso desean muchos.

Hace calor, es verano y el sudor inunda mis palabras.

Horas olvidadas

Horas olvidadas

 

Suenan acordes. No soy más que algo anodino rodeado de roedores anodinos. No soy más que unas horas olvidadas en el bolsillo de una chaqueta roida por el tiempo del pasar.

No es más que un tiempo que el mejor postor se encargó de recopilar y comprar como si la mejor oferta fuera la suya. No hay retazos de opiniones porque las opiniones desaparecieron entre brumas.

Y los rechazos inteligentes me hacen pensar que los días no son azules, pero sí tristes. O simplemente que gastamos el tiempo buscando realidades paralelas cuando la realidad es la que es.

No soy más que un lamento pesado, cansino.

La verdad, si la hay, se esconde detrás de la nota de un saxofón. 

La sonrisa no existe en sus labios, pero existe el sabor de días felices. Por favor, no olvides que volverán.

Los caramelos son dulces solo por la tarde. 

Recorrer centímetros cuadrados de piel para luego saborear la hiel del dolor.

No soy más que las horas olvidadas de un reloj abandonado. Si camino por una dehesa, navegando por un río de zumo de melocotón, si me ves, entonces, intenta acordarte de mi. Además de las horas olvidadas también existen los minutos.

 

Calor, hoy resiste el plástico.

Calor, hoy resiste el plástico.

Hoy es hoy, por raro que parezca. Y miles de libros sobrevuelan un panorama desalentador de fuegos cruzados entre el deseo y el dolor. Es hora de entendernos a nosotros mismos.

Siete notas se entretienen en una hoguera de raíces secas y tu rumor no se queda en el aire. Es hora de pretender atrapar tus días en una caja formada por trozos de recuerdos ajados por el paso del tiempo. Y tirar la llave. Enseñame la llave para olvidar su forma.

Gasto demasiada energía manteniéndome alejado de mi mismo. Quizás el pensar que uno no es lo que es sino lo que los demás piensan que es podría ser una solución al rumor de lamentos sempiternos. Quizás un buen rato compartido por una melodía haga que una tarde sea más placentera.

Falsos árboles de plásticos. Fake Plastic Trees.

Si eres capaz de entenderte ya lograste algo, si no te preocupa entenderte entonces lograste todo.

 

Hace calor y tengo disyuntivas

Hace calor y tengo disyuntivas

Beyond belief,  sonidos antiguos. Now I am beyond belief..

 

Escucho sonidos antiguos, discos no escuchados desde hace siglos. Imperial Bedroom. Sonidos antiguos. ¿Cuántas veces estuve escuchando este disco en el pasado?, decenas seguro, quizás centenas. Y un día vi en directo al señor McManus.

 

Y más cosas, y días de recuerdos. Y ahora son días de extrañeza porque parece que nada ha avanzado. Sigo con mis pesadillas guardadas en una almohada rota.

 

Y aquí andamos. Recordando por recordar, para melancolizar, para que los minutos no existan. Para que la realidad no sea.

 

Y cambio el disco, ahora es la señora Lemper. Y recuerdo días de un viaje a Sevilla y una actuación en directo. Y creo que aquel viaje fue magnífico. Sevilla y Berlin. Grandes viajes…y el disco, qué casualidad, se titula Berlin Cabaret Songs. Y este sí que hacía que no lo escuchaba, milenios. Cuartos o quintos, o cuartos con llave y puerta aterrante.

Qué grandes los momentos pasados con Ute, escuchándola claro. Y viéndola en concierto...y viéndola, porque atractiva lo es un rato, sobre todo si piensas que canta ópera. Un beso para tí Ute, que hace tiempo que no te escuchaba.

 

¿Y ahora?

 

Ahora hace calor. Otro verano. Otro verano de calores sin azoteas, como no dije en el pasado. Verano sin bicicletas y sin paseos marítimos nublados. Veranos anhelantes de libros no leidos. Veranos de historias no pasadas y de imaginaciones concurridas. Veranos donde las pasiones de algunos se liberan y las de otros se encierran con otro cerrojo. Veranos donde las palabras son acciones para algunos y para otros son deseos. Veranos que llegan, veranos que no apaciguan. Mi mejor verano es el otoño, será porque no es verano.

 

Este año, por tercera vez consecutiva, creo, he vuelto a faltar a la feria de libro de mi ciudad, de mi amado Madrid. Otra vez he suspendido en asistencia. Tengo que corregirme.

 

Mientras tanto mi habitación me mira con odio, tengo que ordenarla y ya he visto seres unidimensionales del abismo paseando entre el desorde de ropa, cables, guitarras y cachivaches. Tengo miedo. ¿Alguien conoce un domador de seres unidimensionales?

Día gris con peros

Día gris con peros

Hoy el día es triste en mi ciudad. Así que me gusta el día. No se si implica tristeza este tipo de días. A mi no, a mi me gustan.

Lo que si se es que hay tristezas, de esas que no me gustan, tristezas eternas. No me gustan, esas tristezas son feas, tienen rostro malvado y por las noches beben sangre de bellas mujeres. No, esas tristezas no me gustan. Son tristezas alimentadas por nuestros defectos, nuestras frustraciones. Son perversas, se alimentan de nosotros cuando no saben vivir sin nosotros. Esas tristezas son solitarias porque saben que la compañía las hace débiles.

Esas tristezas hay que arrinconarlas, desecharlas, dejarlas sin razón de ser. Hay que sobrepasarlas. No es bueno vivir con ellas. Al menos no durante mucho rato.

Hay otras tristezas, otras que te enriquecen…otras no. Hay que saber distinguirlas.

Quizás si te asomas a una ventana y te ilumina una luna puedas ver el reflejo de tus lágrimas en la ventana. Ese reflejo podría ser tu guía. No todas las lágrimas se reflejan igual. Algunas dejan pasar los rayos de luna…otras no.

Blue jeans...o algo.

Blue jeans...o algo.

Kazoo, kazoo you are mine, kazoo kazoo every time

Turn it up, turn it off, turn it in

Anyway you choose, anyway you choose at all

Sometimes you get too much, some days it all gets too much

Kazoo, kazoo you are mine, why do you turn your back on me?

Turn it up, turn it off, turn it in

Anyway you choose, anyway you choose at all

Some days you do too much, some days it all gets too much

Kazoo, kazoo you are mine, kazoo kazoo every time

 

Suena Blur en una tarde de lunes, un día más dentro de los días más, un día con o sin. Un día de fresas batidas en zumo de naranja. Un día con coches que surcan el alquitrán. Unos días haces demasiado y otros no haces nada. Distorsión real. Reclamos de vocales sonoras. Pantalones vaqueros, colores del día revestido de halos nocturnos con sabor dulce. Hoy es verano pero la estación se resiste a llegar. Hoy ella no sabe que no importa lo que diga nadie, tan solo el ritmo de sus palabras. Hoy es tiempo de siestas en azoteas nubladas. Hoy apenas queda hueco para colarse en la función de colores anticuados. Hoy las palabras surgieron, brotaron sin rumbo.

Are you smart?

Ya he comentado algo acerca de la voz aterciopelada de este trompetista. Hoy tocaba recordarle. Hoy tocaba porque así es como tenía que ser. Hoy me acordé de “My Funny Valentine”. Ya he escrito sobre ella. Y hoy tocaba ponerla, otra vez. No se muy bien, pero tocaba. Hace demasiado sol pero la canción es preciosa. Y la versión es maravillosa. Prefiero a Chet en esta versión antes que a Sinatra. Y es que Chet es creible en el dolor. Sinatra es creible en lo tramposo. Pain and tricks. Bonito título. Ambos ejemplos de la música que me cautiva. Pero, claro, será por ejemplos…