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Notas de Mr. Kite

Nuevas pistas...

Nuevas pistas...

- Inspector, ¿está seguro de que esta es una buena pista?

- Por supuesto que no William, por supuesto que no.

- ¿Entonces....por qué la seguimos?

- Quizás porque no tenemos ninguna otra, y mejor seguir una pista dudosa que quedarnos en el despacho oliendo a estatismo.

- ¿Qué olor es ese? -preguntó William Soppot

- Olvídelo señor Soppot, olvídelo. Simplemente vayamos a aquel kiosco y preguntemos a su dependiente si conoce a la Srta. Werthington, la última desaparecida de las jugadoras del equipo de polo.

- De acuerdo inspector Couldyun. La verdad -reflexionó Soppot en voz alta mientras con su mano se acariciaba el mentón-, no entiendo esa sucesión de crímenes entre las jugadoras del equipo de polo.

- Eso es algo evidente William. Al asesino no le gusta el polo.

- Pero quizás -continuaba William Soppot en voz alta-, quizás solo sea una casualidad. Quizás el asesino desconozca que juegan al polo.

- Eso tendremos que preguntárselo al asesino, ¿no William?

- Cierto Inspector, porque ahora que caigo, el año pasado fueron 3 asesinadas y eran mujeres normales, no jugaban al polo.

- ¿Normales William?, la Srta. Adams era una estafadora acusada de utilizar niños en sus timos, la Srta. Lagefollow era una conocida madame con varios antros de prostitutas a su cargo y ¿recuerda a la Srta. Bistrew?

- Oh sí, era aquella dulce joven de 19 años.

- Sí, dulce y con aficiones curiosas, había cortado el pulgar a tres de sus cuatro hermanos.

- Cierto,...

- Pues eso, no se dónde está la conexión...pero ya estamos llegando al kiosco, preguntemos.

Esa tarde el inspector y William no hallaron nada interesante, la pista que tenían estaba relacionada con el novio del entrenador del equipo de polo, John McTired, y su pasión por los efebos. Pero era algo extraño porque el sexo femenino no aparecía por ningún sitio en la pista salvo en que la última desaparecida era la actual novia de un antiguo romance de John McTired. Pero no sacaron nada en claro esa tarde y no llegaron a ninguna conclusión ese día.

 

Fiebre

Fiebre

LLevo una semana con gripe, o catarro, o resfriado, o yo que sé. He estado postrado en la cama con 38.7 de fiebre, con nauseas. Y encima el sol todos los días dándole que te pego, como si fuera un olvidadizo, sin acordarse de que el verano ya pasó. Esto de estar enfermo hace que me siente desubicado y sienta poco interés en nada que no sea estar tumbado en el sofá con una manta por encima viendo algún programa basura donde salga una chica mona. O viendo la serie Scrubbs que me parece muy graciosa...o Little Britain que me parece más simpática aún.

Por otro lado en el delirio febril me encontré con una gallina disfrazada de Snoopy que me decía que llegaba tarde a una fiesta de cumpleaños y se arrojó por el water rogándome que tirara de la cadena para llegar antes a su destino.

No se porqué pero creo que la gallina me engañaba, el reloj que llevaba era de arena.

 

Observando el juego de la luz...

Observando el juego de la luz...

Hoy está seminublado, o sea que a veces hace sol y otras veces está encapotado. Las gafas de sol se hacen imprescindibles pero también a veces pareces un tonto con ellas, cuando está nublado y llevas media hora paseando entre penumbras con un cielo gris. La gente te mira y piensan "este es tonto". Y puede que sea verdad, que lo sea, pero no por llevar gafas de sol.

Estos días son de lo peorcito, porque me paso las horas anhelando las nubes que tapen el brillo del sol, pero éstas no se acaban de decidir porque deben estar charlando un rato con Eolo, y entre brisa y brisa se echan un trago de agua condensada, que es como la leche pero a miles de metros de altura. Estos días, cuando sale el sol, es cuando me quedo pensando que no es un buen día...y luego se va el sol y otra vez a vueltas con una melancolía barata y con las gafas de sol para que alguien piense de mi la tontería que arrastro.

Pero pasa el día, definitivamente pasa tan lento como el paso de las horas permite. Creo que aún no ha cambiado la velocidad de los minutos, creo que un minuto siguen siendo sesenta segundos. A ver si hay suerte y un decreto ley hace que los minutos sean de 62 segundos así, al menos, dará más tiempo a que las nubes terminen su charla con el soplador. Y además así los sueños pueden tener más sentido, por lo onírico digo, porque digo yo que un reloj con minutos de 62 segundos debe ser un reloj viscoso daliniano, plagado de hormigas que se van como locas hacia la melaza en la que se convierte la estructura dorada de ese reloj de bolsillo que se derrite como se derriten los segundos de un minuto para añadir dos segundos más.

Estos días que no acaban de decidirse provocan que mis relojes tomen posturas ácratas y se salten a la torera el tiempo. A ver si un decreto ley los mete en vereda...

Estos días son la antelasa del otoño, y el otoño me maravilla. El otoño ya está aquí pero las nubes no han leido los periódicos.

Buscando un cebo

Buscando un cebo

"El caso es que no me satisface" -subrayó Couldyun- "no creo que me guste la idea de someterme a un disfraz maltrecho para atraer los deseos del asesino. Disfrazarme de perdedor no lo veo claro...¡pero si soy un perdedor!...¿¿¿cómo voy a disfrazarme de algo que ya soy???"

Soppot no lo tenía claro, no sabía de dónde le había venido la intuición de que un perdedor atraería al asesino. Sobre todo cuándo todas las víctimas habían sido mujeres, dignas esposas de hombres con influencias y acaudalados. Pero ahí estaba el inspector luchando por no disfrazarse de sí mismo.

De todas formas, la semana se había presentado como todas las anteriores. Sin un rastro claro. Couldyun había pasado el fin de semana jugando al gin rummy con un amigo imaginario, rubio. Y se había acostado con 3 prostitutas pagadas por el departamento, las cuales eran unas fantásticas cocineras, y una de ellas además tenía un sentido del placer tan elevado como sorprendente lo cual le dejó de lo más felizmente cansado. Su mente se entretuvo en tres paraisos edificados por absenta...y ahora estaba de nuevo junto a Soppot intentando buscar una forma de tender una trampa que no acababan de perfilar.

Cabos entre caminos sin sentido

Cabos entre caminos sin sentido

William y el Inspector llevaban cinco días andando entre lomas de cadáveres. No sabían qué hacían allí. Las pistas debían estar en otro lugar. Pero después de muchas horas no sabían qué hacer, la lluvia arreciaba y sus hombros se sentían cansados, con un peso insostenible.

Couldyun le dijo a William:

- Me he perdido a mi mismo.

Y William le respondió:

- No le entiendo inspector.

 El inspector se quedó mirando a William con una expresión incrédula, como ensayada ante tantos desentendimientos por parte del agente Soppot.

- Aparte de una casa en una llanura plagada de sol se me ocurren pocas cosas distintas al invierno -dijo el inspector.

- Sigo sin entenderlo inspector.

- Lo sabía -subrayó Couldyun.

Siguieron caminando entre cadáveres buscando señales, signos, pistas, indicios, rastros, hilos que seguir. Y solo encontraros las trazas de cómo somos los humanos.

La madeja nunca se desenreda del todo, siempre queda un último nudo que no puedes deshacer tú solo.

 

Silencio

Silencio

William Soppot y el Inspector Couldyun no podían hablar. LLevaban días sin poder hacerlo. Y simplemente miraban el horizonte. El asesino "Modelo de conducta" estaba ahí fuera.

Un pantalón...

Un pantalón...

Estar quieto con el color negro en finísimos hilos dibujando ondas. No es complicado de imaginar.

- Usted cree que tantas cosas pueden quedar bien -preguntaba William Soppot, el ayudante de policía al Inspector Couldyun 

- El caso -respondió Couldyun- es que cuando lo conjuntas resulta sencillamente bonito. Mire, fíjese en el detalle del pantalón, ¿no es maravilloso?

- Es un pantalón, inspector, no veo nada más.

- ¿No?, ¿habla usted en serio?

- Totalmente inspector.

- ¿No ve cierta elegancia que hace olvidar la ausencia de sinusoidad?

- La verdad inspector... es un pantalón.

- Pero imagineselo en un cuerpo deseable.

- ¿Sinuoso?

- No, no, sunuoso no. Es ahí a donde voy. Un cuerpo donde cualquier pantalón resultaría aburrido menos este.

- La verdad, inspector, no le entiendo.

- Maravilloso, Williamn, sencillamente maravilloso. Veamos ahora esa camisa...

El resto de la tarde William y Couldyun entraron en cinco tiendas de ropa. Por la noche cenaron langosta y un suave vino blanco. El último asesinato del despiadado individuo que dejaba la nota "Modelo de conducta" grabada en la piel de sus víctimas había sido hacía 5 meses. Y Couldyun tenía la certeza de que estaban muy cerca de atraparte.

 

Bricoimagina

Bricoimagina

Volvemos, lentamente, a la rutina.

Pensar es relativo, no tienes tiempo para hacerlo pero es algo que corre por debajo de tu actividad natural,...es como un proceso ininterrumpido. Pero ¿es eso pensar?, voy al diccionario y me encuentro:

1. tr. Imaginar, considerar o discurrir. 2. tr. Reflexionar, examinar con cuidado algo para formar dictamen.

3. tr. Intentar o formar ánimo de hacer algo.

Total que la primera,...pues yo creo que constantemente no se están imaginando cosas, de hecho la gente imaginar, lo que es imaginar, imagina poco. Pero quizás si que se hagan consideraciones, y entonces es algo más uniforme, habitual, podría ser correcto como actividad natural. La segunda ni de coña, esa opción no está en la mayoría de la gente con la que me cruzo, para formar dictamen de algo ya tienen las tertulias radiofónicas. Y la tercera, pues esa sí que funciona. Al final resulta que sí, que se piensa, y bastante. Pero me da igual...quizás me de igual porque la opción que me gusta es la segunda y la primera.

Para imaginar tienes que juntar dos bolas de cristal y mezclarlas con una melaza algo consistente. Luego tienes que llevarlo a un geiser natural y esperar que floten suficiente tiempo para formar una contundente masa sólida de color púrpura brillante. Entonces la colocas entre dos imanes sensitivos de textura plácida y con forma de nube cambiante, uno arriba y otro abajo, y esperar a que que flote la masa sólida, que se transforma poco a poco en esfera. Cuando flota entonces puedes ver un abedul del que cuelgan doce pinceles, cada uno impregnado de un color distinto. A partir de ahí puedes imaginar.

 El tiempo de las rosas ha llegado.

He aquí un hombre desierto. No se si tendrá algún oasis. No se si los desea. No se si los necesita. Pregúntale tú.

Bienvenidos al quehacer diario.

Más de lo mismo

Más de lo mismo

Vuelve la rutina, o quizás nunca se ha ido. La cuestión es que nos venden que cuando vuelves de una estancia fuera de tu lugar habitual, cuando es en agosto, resulta que es un drama. Menuda estupidez. El drama lo es todos los días, porque todos los días son iguales. Todos tienen 24 horas...bueno, para los enamorados tienen 25.

Pero qué tontería es esta que nos venden...¡ah!, ya se,...es la misma de aquella de la canción del verano, el amor del verano, vamos, la gilipollez del verano. Porque los veranos se piran, se van, pim pam, se fueron, ya está aquí septiembre, con los mismos dramas de junio...bueno, claro, que está la candidez del alma prendada por un amor especial surgido en agosto. Pero ¿de qué hablamos hostias?...eso dejó de pasar con los a-ha y su take on me. Vamos, vamos, que ya está bien.

Ahora los más listos utilizan los veranos para festivales de música...cuando yo era adolescente el único festival que conocía era el de Eurovisión...y la forma de ver a alguien en directo era en las fiestas de septiembre, en Vallecas. Esas eran las perspectivas para alguien a quien la música le encantaba. Maravillosas perspectivas.

Pero...¿qué más da?, si la gente solo se preocupa de su amor, de su pipiola o pipiolo. Total, qué mas da todo. Nada importa para la gran, inmensa mayoría. Al final, lo que importa es que unos cuantos gilipollas como yo nos sigamos dedicando a escuchar discos y no dar problemas. Y el resto... a escuchar OT.

 Empieza la liga, empieza septiembre. Y seguimos esperando lluvia.

 

 

 

Paraje escondido en verano

Paraje escondido en verano

Este año aún no he oído el susurro de las olas al lado del mar.

Supongo que eso no es una necesidad, pero creo que la mitad del país ya lo ha hecho y la otra mitad está caminando entre riscos. Yo como no pertenezco a mitades, todo lo más a quincuagésimas partes, me encuentro con que parte del verano lo he empleado rodeado de asfalto, comprando discos y descubriendo algún autor francés que me tiene intrigado.

Y ya que he mencionado discos y libros seré más explícito. El disco, el de Yoshimi bateles the pink robots, de los interesantes Flaming Lips. La canción de Flight Test me tiene loco.

En cuanto a lo los libros, el autor Michel Houellebecq, el libro “Ampliación del campo de batalla” y ahora “Las partículas elementales”. El francés este está un poco “pallá”, y eso me gusta. Su forma de presentar la realidad es afín a como la veo yo, puede resultar novedosa para muchos, pero a mi me parece de lo más familiar. Me encuentro como si fuera yo el que está contando la historia. Esto me pasa en libros como “el guardián entre el centeno”, “escupiré sobre vuestra tumba” y cosas así. Un poco de outsider, escrito por outsiders.

El resto del verano es circunstancial. La guerra del Líbano es tan circunstancial como podría ser un ataque de Siria. No digo que no sea importante, que lo es. Pero su trascendencia quedará limitada salvo que haya una escalada brutal del conflicto. Y de eso nadie se da cuenta. Toda la gente se entretiene en culparse unos a otros. Estoy harto de tanta estupidez, pero llevo conviviendo con ella desde hace decenas de años, desde tiempos remotos. Y además uno vive rodeado de gente así. De personas que creen firmemente que la verdad está solo en un lado. Y eso es, sencillamente, imposible.

Este maldito país tiene a PP y PSOE como el referente de la fractura real. Estas dos asociaciones de intereses bastardos se dedican a manejar a su antojo las mentes de una ciudadanía tan maltrecha intelectualmente como utilizable electoralmente, y les venden que el de enfrente es lo peor. Y lo venden en prensa, radio y televisión...y luego el domingo a ver a Alonso que el alemán ese de ferrari es un cabrón. Y el Alonso también que es un listo.Y pasan los días, y cae la gente en el Líbano y en otras mil guerras que no sabemos. Y los culpables son los que tiran misiles, a ambos lados de la frontera. Unos por defenderse con aviones y otros por atacar con cohetes. Y mientras tanto un tal Yusuf no se atreve a tomar un té en la tetería de la esquina por si le case un misilazo, y un tal Simon no va al restaurante por si le llueve un cohete. Y la libertad desaparece entre aroma de pólvora quemada. Y en Madrid una panda de idiotas se manifiestan porque creen que la verdad solo está en un lado. Esto es una puta mierda. 

Así que mejor me espero a escuchar las olas, y seguiré comprando discos y leyendo libros...

Y digo yo,...si no es preferible tener textos locos, ideas pasajeras montadas en un tren de desperdicio cósmico que se dirige a un estrato de la conciencia que suele estar jugando al ajedrez contra los deshechos del sueño de la noche pasada, que leer los frutos de la estupidez y el odio.

 

Sombra nocturna

Sombra nocturna

La pasada noche me desperté de un salto, había oído un ruido en mi mesilla. Algo raro, pensé que sería un sueño, las mesillas no suelen hacer ruido a no ser que sea la casa de tu hamster, y yo no tengo hamster. Así que encendí la luz de la mesilla para averiguar qué pasaba.

Al encender la luz el ruido desapareció de la mesilla pero fue sustituido por unas pisadas saliendo del dormitorio y una sombra que me saludaba agitando su mano. Me acordé de Daniel y una canción de Elton John. Desperté a Susi, que dormía a mi lado, y le pregunté si había oído algo. Me dijo que no y se dio la vuelta mostrándome sus sinuosas caderas desnudas y por un momento me olvidé de la sombra.

Pero oí que me chistaban, era la sombra de nuevo, esta vez incitándome a seguirla con su dedo índice moviéndolo hacia sí. No entendía nada, porque al girarse el perfil de la sombra era el de Susi...lo averigüé por los pechos.

Le dije a Susi que iba a ver que pasaba y me respondió con un "estarás soñando" y me quedé mirando de nuevo sus caderas decidiendo si volar o si investigar. La sombra me llamó "eh", y pensé en guardar las caderas para luego.

Cuando salí de la habitación encendí la luz del pasillo, entorné la puerta para que Susi no se despertará más de lo que ya había hecho y me dispuse a salir de mi sueño o a sentarme a charlar con una sombra que había salido de mi mesilla. Recordé a Peter Pan y pensé que tal vez debería ir a por un alfiler e hilo.

Avancé por el pasillo hasta la puerta del salón que estaba iluminado suavemente, las luces que le llegaban del pasillo competían con la oscuridad de la noche y con la luz de una farola, quedando una situación triangular de tira y afloja que desembocaba en una penumbra extraña. Pensé que la luz del pasillo era demasiado poderosa en esa situación y la apagué. Cuando lo hice, vi sentado en uno de los sillones a Susi...bueno, a su sombra, una sombra tenue, viva gracias a la farola de la calle. Hizo un gesto para que me sentara en el sillón de al lado.

Yo, como aún no había averiguado si era un sueño, un personaje de Barrie, un experimento de alto secreto o los efectos de la marihuana de después de la cena, no estaba dispuesto a luchar contra una sombra que se me presentaba con tal decisión y valentía en mi mesilla, así que me senté a su lado.

- Te gustan mis caderas,... mucho, ¿verdad?

- ...

- No te sorprendas, sabes que es así. Te hubiera gustado quedarte en la habitación para jugar con ellas. ¿No?

- Sí -de pronto me vi envuelto en un juego del que no se cómo saldría, pero parecía que todo cobraba un sentido imprevisto.- Sí, pero te seguí.

- Mal hecho.

- ¿Por qué?, me llamaste. -era claro que mis cartas estaban marcadas.

- Otras veces te llamo y no me escuchas.

- No entiendo -la sombra estaba muy cómoda, en un gesto típico de Susi, con las piernas cruzadas encima del sillón, me encanta ese gesto.

- Te gusta como cruzo mis piernas, ¿verdad?

- ...

Inquieto...

Inquieto...

El aire no es tan denso como me parece, pero me cuesta avanzar. Se que tengo mucho tiempo para avanzar, pero me deslizo entre un malestar eterno. Y esa eternidad me vuelve pesaroso y me encuentro apesadumbrado. Y creo que no hay muchas sonrisas, y pienso que no, que no las hay. Solo hay un momento luminoso y se pierde en una distancia teñida de gris. Como yo.

 

El patio donde está la ropa de mis trajes tendida es un lugar recóndito, y está guardado por cinco expresiones del mismo rostro. Dos de ellas son amables y las otras tres son muy duras. Dos se muestran bellas, las otras tres me miran con odio y desprecio, y solo quiero esconderme en la sombra que mis deseos dejan sobre el suelo.

Ideas, cosas, letras al azar...

Ideas, cosas, letras al azar...

Luisa tenía 2 monedas.

Pasear por la maleza.

Si miras con paciencia el infinito podrás observarte volviendo.

No tengo remedio, siempre hay un lazo que desatar.

Las lágrimas son el atrezzo de un buen momento triste. Sin ellas parece que no funciona, pero si se decora demasiado parece muy teatral.

Las notas de un piano son el sonido de las lágrimas al caer sobre un mar plagado de sonoridades que desean salir.

Cada minuto no te das cuenta del siguiente y cuando te empiezas a dar cuenta ya estás en él.

Los mandamientos que aferramos con fuerza son dos, mandar y no ser mandado. ¿Será eso la felicidad de algunos?

¿Cuántos rostros conoces sobre los que llorar?

El año son 12 meses, pero un mes no son cuatro semanas así que mejor me voy al cine.

Tener rostro y faz...¿es lo mismo?

Una mano son más que cinco dedos y una palma. Puede ser una llave.

¿Se hacen préstamos de felicidad?,...y si se hacen, ¿a qué interés?

La maldita manía de dar un paso fuera cuando está lloviendo. Y disfrutar de las gotas sobre mi.

 

Es horroroso. Es así.

Es horroroso. Es así.

Caen bombas, infinidad de ellas, en Oriente medio. Podrían caer más, podría no caer ninguna. Culpables de ambos lados y pueblos destrozados, culturas enfrentadas y fusiles que empuñan niños, adolescentes, y adultos en una orgía histérica de sangre. Desastre total, y todos son culpables. Nosotros también.

Todos somos culpables del error humano que vivimos. También somos responsables de algunas sonrisas pero, ahora, con todo este fragor de metralla, esta sinfonía de balas, este estruendo de explosiones, solo nos queda decirnos lo culpables que somos. Fanatismo tan humano...

No entiendo las manifestaciones violentas a favor de la paz. No entiendo que por la paz sea capaz de declararte la guerra. Entiendo que te pueda declarar la guerra por evitar que me molestes, porque quiero mantenerte lejos, porque me contamines, porque eres peligroso para la justicia, porque eres un salvaje, porque eres un asesino...pero por la paz...se me antoja un curioso ejercicio de trapecista borracho. No entiendo que por la paz vaya a una manifestación a llamar asesinos a gente que le horroriza la idea de empuñar un fusil. Pero hacemos esas cosas...seguimos consignas, estamos manejados.

Si resulta que la gente es capaz de hacer que la música de lata de OT sea la más vendida gracias al marketing...¿qué no se hará para conseguir apoyo ideológico que es lo que mueve las sociedades?.

Somos culpables...todos. El horror. Ya lo decía Kurtz.

 

 

Lunes, verano...

Lunes, verano...

El rumor que dejan los dedos cuando escribes en el ordenador es el rumor del siglo XXI. Rumor de chats, rumor de navegaciones cibernéticas, rumor de cajeros automáticos, rumor de números y letras que existen de forma electrónica y que no aportan nada más que una ilusión de realidad con olor a banda magnética de tarjeta de crédito.

He pasado unos días de ajetreo social y me encuentro con ganas de dedicarme tiempo a mi. Esto del ocio es algo muy delicado, hay que saber como tratarlo. Yo ultimamente no se muy bien cómo hacerlo. Me encuentro entre el deseo, la desidia, y la ignorancia...refrescado por brisa del aire acondicionado todo ello.

Quizás pasear, quizás sea eso lo que me apetezca. Pero la ciudad está pegajosa, atrapa tus pies el alquitrán derretido. Y el sol se entretiene abofeteando tu rostro con un calor típico de la época. Pasear en otoño ahora se me antoja sencillamente perfecto. Por el paseo de Recoletos...hasta que el maldito alcalde lo levante entero. Habrá que aprovechar.

No acabo de arrancar un buen texto, arranco palabras pero suelen andar un poco frívolas porque no se encadenan a ningún párrafo interesante. Pero la culpa no es de las palabras, es mía, que no me sale nada a lo que una palabra medianamente inteligente quiera encadenarse.

Leo poesía, me gusta. Es curioso, hace poco me dijeron que la poesía es eso que todos hacen cuando empiezan a escribir de adolescente y de lo que luego se rehuye de forma avergonzada. Es un poco cierto. Conozco poca gente que lea poesía.  No se si tiene que ver con la sensibilidad, pero sí tiene que ver con la amplitud.

Leo cosas, leo un cuento largo, o novela corta, muy raro. Imaginativo y loco, absurdo y surreal, una historia de pijamas y sátiros. Me entretengo. Tengo que coger otro libro de Houllebeck. Y comprarme el disco de los Kooks...

Es verano...como siempre.

Curioso país

Curioso país

Creo agarrarme las manos, juntándolas, para darme calor. Pero no, resulta que he agarrado un teléfono. Miro con extrañeza, me acerco el auricular, hay alguien que pregunta...

-        ¿Eres tu?

-        Sí...yo soy yo. 

Se produce un silencio, suena un claxon al otro lado. Espero, y me preguntan:

-        ¿Quieres destrozar mi jersey?

-        Sí, supongo que sí –respondo acordándome de Rivers Cuomo y sin saber la letra. 

Se produce otro silencio, y entonces oigo compases de un vals. Me quedo esperando, una voz vuelve a surgir:

-        ¿Tienes fuego?

-        No –no se si querría fumar pero yo no fumo.

-        Está lloviendo

-        ¿De qué color son las gotas?

-        De muchos 

La conversación se torna extraña. El teléfono ya no es un teléfono, tiene forma de ensaladera. No entiendo nada. La voz sale ahora de un trozo de aceituna y empieza a cantar una canción de Cole Porter. De pronto un sombrero se pone a hablar, dice que quiere una taza de té. Feliz no cumpleaños oigo en el aire. Vuelvo a dormirme.

¿Quieres comerte el cordero de una vez?

¿Quieres comerte el cordero de una vez?

Stephen tenía un corderito, Stephen tenía un corderito, Stephen tenía un corderito.

Pero le daba igual. 

Stephen corría entre calles mojadas, la lluvia cae de forma incesante y tienes la chupa empapada. No sabía dónde ir. Stephen tenía un corderito. La lluvia invernal es molesta porque no te deja un minuto para recuperarte, se conjuga con el frío y te hace sentir como Sísifo al ver de nuevo la piedra rodar montaña abajo.

Stephen no sabía qué hacía en un callejón oscuro plagado de charcos y calado hasta los huesos. 

Stephen tenía un corderito. 

Stephen nunca creía en lo que decía, por eso se fiaba más de él cuando estaba callado. Estaba a punto de encender un cigarro pero la lluvia y el aire se lo hacían imposible. Además las manos le temblaban. 

Stephen tenía un corderito. 

Stephen no escuchó ninguna canción de pequeño. Creció entre palabras, sin melodías, contemplando la estupidez. Pensó en ello y entonces, solo, mojado, en el callejón, supo porqué estaba allí. Stephen tenía un corderito. Stephen volvió a casa. Y no tenía ningún corderito. Solo tenía deseos irrefrenables de ser aceptado. Se compró un disco, lo escuchó, y sonrió.

Cóctel rutinario

Cóctel rutinario

Hay días que te levantas bien y, sin saber porqué, sin poder identificar qué ocurre, vas torciendo el gesto. Empiezas a mirarte en un espejo y ves como poco a poco, levemente, de forma casi inapreciable, la comisura de tus labios pasa lentamente de cóncava a convexa. Miras el espejo y ves como el rostro empieza a apesadumbrarse, y no sabes porqué.

Y entonces solo quieres canciones tristes, y solo quieres estar solo, y no sabes cómo has llegado ahí, pero ahí estás otra vez. Intuyes que vas a estar poco tiempo, que es un viaje corto, que llevas poco equipaje esta vez. Intuyes que pasaras solo unas horas en el infierno habitual de los días tristes. Intuyes que no va  durar...igual que otras veces sabes que va para largo y reservas varias noches en el hotel de las lágrimas.

Hay días que te levantas bien y otros que no. Hay días de muchos tipos, hoy es un día de varios estados, marcados todos por una especia de apatía que se irá mezclando con tristeza y con apariencia y con sonrisas y con cansancio y con sueño y con rutina...es un cóctel muy conocido, pero son pocos los que conocen al barman que lo sirve.

 

¿Quiénes son paranoicos?

¿Quiénes son paranoicos?

Paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid android, paranoid, android, paranoid android, paranoid android...

 

No he hecho un copy paste.

From a greah height, rain down from a great height.

Es tremenda. Maravillosa. LLega a muchos sitios y vuelve. Es una obra de arte, en su más amplio sentido.

 

 

Otro viernes esperando el fin de semana

Otro viernes esperando el fin de semana

Los momentos en que el deseo se funde con pequeños retazos de realidad presente tendrían que estar sonorizados, tendrían que tener música, a ser posible de Henry Mancini.  Además deberían tener sabor... sabor a martini seco. Y el color...violeta.

Entre el instante en que disfrutas y te das cuenta de lo que disfrutas, corren veinticinco libélulas cargadas de fondie de chocolate para repartirlas en el festín que se está produciendo en tu mente. Es un instante tan sutil que solo te das cuenta de su pasado, jamás de su presente, y cuando reflexionas sobre él ya lo estás echando de menos. 

Creo que los fines de semana son un invento raro burgués, o capitalista según me de por un discurso u otro, para que la gente tenga motivos para volver al trabajo el lunes. Porque, reconozcámoslo, fines de semana sublimes tienes uno, con suerte dos, al año. El resto son pasables y alguno horroroso, con lo cual lo de volver al trabajo se convierte en algo necesario para volver a poner la esperanza en que el próximo fin de semana sea de los sublimes. 

Los enamorados pueden tener cuatro, cinco, hasta diez fines de semana sublimes. Pero claro, para estos no cuenta lo del lunes porque viven en tal estado de embriaguez que no saben si el lunes es lunes o si es un oso pardo con forma de calendario. Para ellos los lunes son un momento más en el que disfrutar su amor. 

Los dueños de los hoteles también pueden tener más de 2 fines de semana sublimes, sobre todo si es temporada alta. Pero los empleados andan jodidos. 

Y los frívolos, esos también. Esos pueden tener hasta veinte fines de semana sublimes. Por la sencilla razón de que convierten lo simple en trascendental y lo trascendental en simple y con este juego tan maravilloso van disfrutando como si fueran abejas que van de flor en flor. Mírales, mírales como liban. 

Yo soy de los de la masa, de los uno o dos al año. Claro que horrorosos tengo más de dos, y es que a mi todo lo que no es sublime muchas veces se me antoja horroroso sin serlo. Es la maldita manía de poner los umbrales en lugares inaccesibles. 

Los lugares de felicidad deberían tener el botón de PLAY, para poner en marcha la música...