¿Qué puedes hacer cuando no cuentas nada de nada en parte de tu pasado? Cuando resulta que hay una gran cantidad de tiempo del ayer que parece que está en la basura del recuerdo de la gente que compartió ese tiempo. Tengo claro que lo que queda de eso es Solamente Lodo Calcinado. No queda mucho más.
Cada ceniza de ese Lodo es una lágrima vertida en una catarata de sollozos sin lógica, de tormentas sin nubes que la expliquen, de horror sin más, horror que no se quiere mirar de frente porque se vive mejor en la ignorancia y en la cobardía.
Duele un huevo pasar como un ignorado más, como un idiota más que pasea por la acera de la vida olvidado por el pasado real y mirando para otro lado, que nada de nada de todo lo que soy yo, de lo que pueda identificarme, sirva para nada. No sirve para nada más que para ser diana de dardos, pim pam pum de palabras gruesas, sparring de bromas jocosas.
No sé donde queda el cariño cuando el Lodo se quema. No sé si Solamente ese Lodo es un acto de escarnio.
Los cariños no son una mera información, no son una palabra. Solo existen si se demuestran, lo demás es pura charla, si no se siente no existe.
Los cariños son individuales y no son objetos de mercadería. No puedes comprarlos. Lo que no sé es que pasa con el cariño que decides olvidar, parece que ni siquiera renta a una tasa medianamente interesante. La tasa es negativa al parecer.
Hay veces en que invertir en cariño es tirar el dinero del alma, es un negocio ruinoso. Y lo pagas con llantos, con rostros compungidos. A veces hay gente que especula con el cariño, y el que da el cariño pierde y el que especula gana.
Me confieso una persona tremendamente torpe en los negocios afectivos. Soy incapaz de distinguir una empresa radiante dentro del laberinto financiero de los sentimientos. No sé jugar a ese juego porque la parte sensible me impide ver las buenas jugadas. Esa parte sensible que tantas veces se ve traicionada por la puta realidad.
Soy malísimo en el Wall Street de las emociones. Soy un torpe emocional.
A veces pienso que estos textos pueden ser exagerados...pero creo que son simplemente demostrativos de lo que nos vamos encontrando por el mundo. Y que, sin duda, para la gente es mejor mirar a otro lado.
Alguna vez me ha pasado que el dolor ofende. Que cuando dices que te sientes dolido por algo o alguien, lo que consigues es enfado enfrente tuya. Realmente eso me parece absolutamente perverso. Cuando confiesas el dolor de forma sincera y sin actitud arrojadiza, nadie debería ofenderse. Es más doloroso el dolor que la posible ofensa, porque la ofensa suele ser una no aceptación de la realidad por parte del que ofende. Yo no puedo...si alguien me dice que yo he hecho daño, si me lo dicen con expresión de dolor sincero, no puedo ofenderme. Lo único que me sale es intentar consolar y pensar qué he podido hacer mal yo.
Soy un auténtico gilipollas en un mundo de listos.
Con la guitarra en el coche, tirado en un pueblo manchego paso el tiempo hasta que suene el teléfono para dar una vuelta…después de estar currando buen rato apenas tengo cinco minutos para bajar a por ella. Mi perrería hace que me sea más cómodo coger el teclado y ponerme algo de música.
Otra opción era leer, pero me apetece hacer algo “activo”, sea tocar, o en este caso escribir. Leer también es activo, pero es menos creativo que poner gililpolleces en un procesador de textos. Esto demuestra que la creatividad no es un valor en sí mismo sino solo si viene acompañada de talento, cuestión que no es el caso precisamente.
Me jode no tener la guitarra porque quería tocar un par de cosas que tenía en la cabeza. Pero miro el reloj y confirmo que no tengo tiempo. Escucho Monkey Wrench…mucho Foo.
Tengo dos libros abiertos, uno de Eduardo Mendoza, la primera vez que me acerco a su universo y tengo que confesar que es divertido. Lo paso bomba leyendo las desventuras que le ocurren al protagonista de “El misterio de la cripta embrujada”. Y por otro lado he comenzado la última novela de Javier Marias, escritor que si bien a mi me parece más que interesante también he oído que tiene detractores porque “es un peñazo”. A mí no me lo parece, sí me parece que sus historias rondan más el alma que la acción, más el pensamiento que los hechos, si bien están rodeadas de hechos implacables. El comienzo de “Los enamoramientos” es suave en la apariencia pero sin embargo está profundamente marcado a fuego por un hecho duro, un impacto para comenzar una historia. Y aún así su prosa parece que se desliza por un río de aguas tranquilas.
Tirado en una habitación de hotel de un pueblo de La Mancha apenas tienes tiempo de mirar si algo tiene sentido. Y a veces mejor no tenerlo…
El Soliloquio Liso y Casquivano se acerca entre palabras bruscas…veremos. Me siento tremendamente agotado de tanta escena errática.
Vuelvo de un ensayo, me duele el cuello una barbaridad, pongo Walk, la hemos tocado un poco de aquella manera, la veo en directo, Dave Grohl no llega a partes, bueno, es divertida de tocar. Wave of mutilation la rodeamos un poquillo como versión para pensar sobre ella. Antes de eso tocamos otras cuatro canciones de los pixies para pasar el rato...
Pienso que tocar es la leche, lo pienso siempre y a veces lo pienso con más fruición, cuando me lo he pasado bien. Hoy me lo he pasado bien.
Hablamos de intentar tocar en directo, pero no ensayamos todas las canciones que deberíamos. Hablamos de grabar, pero nuestra perrería hace que sean palabras y palabras.
Vuelvo de ensayar y con dolor de cuello y pensando en tocar y tocar y tocar. Es divertido, es la hostia.
Wave of mutilation versionada, pienso en ella y la escucho. Bueno, la cuestión es darle una vuelta y atacarla de forma distinta a la que los grandes pixies la grabaron. La idea de empezar lenta en arpegio es una forma que cambia la original, veremos si llega a buen puerto.
Del curro me llegan palabras de gente que se apropia de cosas de gente, de méritos que se esconden, de temores ancestrales, del enfrentamiento sempiterno.
Pienso en ello y no me gusta.
Miro mis guitarras. Tengo mi Casino encerrada porque llevé a mi les paul a revisión y me la pusieron a punto. Pero no es óbice para dejar a mi flamante Casino en su funda.
Me gusta tener gente alegre a mi alrededor, me gustan las risas, me gustan las sonrisas, me dan un motivo para estar cinco minutos más contemplando las muecas, sugiriendo mil razones para pensar algo que haga reir.
Me gusta.
Me gusta escuchar sometimes, de James, me gusta la energía que transmite.
Me gusta reirme con dobles sentidos con la palabra colgar y una cuerda imaginaria.
Me gustan los chistes de mi buen primo sobre antiguos karatekas.
Me gusta saber que puedo guardar el brillo de tus ojos en una caja con saberes arcanos y ancestrales.
Me gusta tener juguetes de colores para entretenerme en partidas de risas infinitas.
Me gusta sonrojarme de felicidad si alguien me pregunta porqué se me tuerce el gesto.
Me gusta que el presente no sea condicional y la conjugación de los verbos.
Me gusta el castellano, siempre es un buen amigo.
Me gusta saber que el catalán, gallego, euskera, valenciano, bable, inglés, francés, es un buen compañero de viaje.
Me gusta el italiano porque tienes que hacer gestos con la mano.
Y el argentino porque es un italiano que entiendes.
Y el de mi Vallecas porque me trae recuerdos y me tuerce el gesto hacia arriba.
Y me gusta pensar que hay cosas que me gustan. Joder, hay muchas.
Me gusta la frase que dicen James, a veces cuando miro a tus ojos veo tu alma.
ESTADIO CAMBIANTE
Del día mis susurros convertidos en sollozos del pasado
de la noche el recuerdo que acompaña la vigilia que me acuna
de la tarde tribulación en colores de este ignorante hastiado
de la mañana la suerte al despertar con tu imagen infortuna.
Y deambulo entre canciones
total, ya no tengo opciones
ni tampoco algún talento
que me arrope de tu viento.
Pues viento frío es, que muy bien lo noto, proveniente de algún polo
tal vez del norte, con alimento de aquel Prometeo moderno
pero en este desierto incauto de sol acribillante, tan sólo
ese frío ventoso parece una ilusión, puerta del invierno.
Escucho walk de Foo Fighters, había pasado un poco desapercibida en el último disco de estos americanos. Y la verdad, me parece un temazo. Está bien encontrarte estas cosas, canciones en las que no habías reparado y de pronto, prestándolas atención, ves que son temazos.
Temazos...
Hoy he estado en un concierto con un amigo, de esos que son amigos porque no tienes otra palabra más grande. Y joder, me apetece tocar en directo.
Pienso que hay días en los que uno quiere tocar y otros en los que desea tocar. El resto de diferencias son cartas al azar de un mazo infinito.
Escucho walk de Foo Fighters... cómo cojones se escribe Foo Fighter???
Una amiga me suelta tacos de vez en cuando y yo juego al pinacle. Se me acaban las cartas y comienza una nueva partida.
Veo el video de walk, ya, ya sé que es una copia de un día de furia. Pero si hablamos de copias...creo que la imaginación se agotó en 1791, y desde entonces no hacemos más que copiar...bueno, quizás Byron la prolongó un poco. Pero desde Shakespeare, todo el teatro es repetitivo y toda la poesía es circular.
Hoy he visto un concierto donde cantaban canciones conocidas.
Hoy ya no es hoy, porque el hoy es ayer y se escurrió entre los huecos de los dedos.
Thanks TO everybody for reading these words. If there's anybody.
Veo una foto que me encanta...con un letrero que me encanta...con una imagen que me encanta.
Tienes miedo cuando la incertidumbre puede dar lugar a algo que no deseas. Sientes miedo cuando no sabes su el siguiente paso qué tienes quedar es el adecuado.
Sientes miedo si puedes equivocarte. Si puede aparecer el cuervo diciéndote nunca más. Si el recuerdo de Annabel Lee consume tu alma.
Tienes miedo de responder y mejor no responder. Miedo de que si eres cruel y conciso te pongan un aspa en el reflejo de tu imagen. Miedo de dejar puertas abiertas a un año más.
Miedo del ayer y temor del futuro.
Yo no sé si vivo con miedo. Me temo más a mí de lo que los demás se asustan de sí mismos. Yo no sé si voy y vengo en mis temores.
Y el cuervo dice nunca más, y el cuerdo te mira con extrañeza y nadie se acerca al lugar donde la función tiene lugar por si acaso les eligen como actores de esta farsa.
Y giras tus cartas y no tienes buenos naipes y las misivas están olvidadas y tu cara se alarga porque esperas un cambio en el presente y el esperar alarga tu rostro en una maniobra de espiral infinita, una danza melancólica que hace que aparezcan lágrimas una vez más.
Y el juego permanece abierto hasta que un crupier decida que no se reparten más oportunidades. Pero tu baza está aparentemente cerrada, nadie se acuerda de ti para darte más cartas. Y las cartas no giran una vez sino que dan vueltas una y otra vez cambiando de triunfo en un espectáculo incesante de inseguridad eterna. Y así llevas demasiado tiempo.
Y cambiemos los tíes con tilde de plural inexistente por míes, los tes por mes, los túes por yoes, lo ajeno por lo cercano. ¿Y qué queda?
Sigo viendo demasiado barro, Solo Lodo Calcinado debajo de mis pies.
Instrumentos de cuerda sobrevuelan un paisaje de misterio e imaginación.
Una foto puede que de mentira, con un título puede que de mentira.
Echo de menos las esdrújulas, eso me resulta difícil de llevarlo, es una ausencia que noto día tras día.
Mucho trabajo, cansado, con el tiempo en plan raro lo cual hace que no acabe de superar el sol constante porque este se muestra y se esconde, lo cual me astenia y eso no me gusta en demasía.
Tengo una lista de cosas que hacer, de las mías de ocio...ingente, y ahí sigue, añadiendo sumandos.
Junio, sin arena entre las manos.
Con la copa de vino contemplada a medio beber y la rosa que no entregué.
Aparece el nuevo disco de Vetusta Morla. El segundo. Para mí esto es bastante especial, estuve pilladísimo con su ópera prima. En muchos aspectos. Cada canción de su primer disco es un recuerdo. El problema de los recuerdos con canciones es dejar de escuchar el disco en cuestión pues luego se vuelve en estigma del pasado. Así que, pese a lo que me costaba, lo seguí escuchando de manera puntual de vez en cuando. No podía permitir que Copenhague o Sálvese Quien Pueda o Valiente, se quedaran en el saco de las canciones que no podía volver a escuchar por la carga emocional. Conciertos, canciones, guitarras, tristezas, tormentas en los ojos.
En cualquier caso los meses que estuve poseído por Vetusta Morla tuvieron de compañeros a Kings of Leon, a todo Blur, a Travis…cosas que ya comenté del 2009.
Ahora aparecen con un nuevo disco. En primavera. Parece que los grupos españoles que me gustan eligen esta estación para presentar colección de canciones. Normal, es una forma de preparar la gira veraniega. Vetusta con el disco Mapas, apuesta quizás más intimista que Un Dia en el Mundo. Apuesta que quizás exija algo más por parte del oyente. Y eso me gusta, me atrae que tenga que poner parte de mí, un añadido de esfuerzo, para adentrarme en los mundos que nos sugieren ciertos libros, ciertas músicas, ciertas películas… todo eso sin exagerar, claro está.
Me viene a la cabeza Lost in Traslation, hasta la segunda vez no pillé lo que me decía. Y ahora es una de mis películas favoritas.
El otro día un amigo criticaba a Vetusta porque su primer disco hace un “homenaje” excesivo a Radiohead. No Surprises y Un Día en el Mundo es lo mismo. Bueno, ya. Es así, pero también hay que ver si te emocionan los madrileños. Y conmigo lo consiguen en su anterior disco…estoy empezando a trabajar en el segundo, no sé a dónde me llevará.
Lo que sí que tengo como duda más que razonable es que la carga emocional sea similar. Simplemente creo que es imposible que cada vello se me erice como hace dos años. Dudo que cada centímetro de mi piel se estremezca como lo hizo con el disco anterior. Por el disco y por verlos en directo buscando miradas alrededor.
Escucho una canción de los Rodríguez y comienzo a llorar por la mañana mientras atravieso la ciudad hacia la rutina de cada día. Uno de los versos me mata lentamente cruzando el cuchillo de las palabras a través de las señales de mi alma. Con regalos imaginarios, con personas que se quisieron como quisieron. Con sonrisas que duran siete segundos.
Esta canción pasó inadvertida para mí durante años. La escuchaba y no me decía nada, sentía cierta repulsa por el comienzo de la misma. Los dos primeros versos me chirriaban, “el es socio de canal plus y ella empleada del corte”. Hace apenas una semana decidí darle otra oportunidad después de años que duran siete segundos. Y me dejó clavado. Me quedé con la cara empapada de lágrimas cuando la oía.
Supongo que llorar con canciones es un signo más de lo estúpido que soy. Hace un tiempo ya dije que la sensibilidad no cotizaba en la bolsa de los triunfos amorosos. Tiene valores poco seguros, y es dudoso que se pueda especular con la misma. Es la fragilidad ante el dolor por el amor, esa condición que aleja a los inversores en relaciones cimentadas por “lo que debe ser”.
La sensibilidad no está reñida con el carácter. Eso lo sé. Porque, en realidad, apenas hay nada enfrentado con el carácter.
También me dijeron que eso que decía no era así. Es fácil decirlo, pero la realidad va por otro lado. Es más, lo dice gente que no actúa con el respeto a las tormentas en los ojos, no se emocionan por una gota salada surcando los caminos que la erosión del dolor deja en una cara que solo desea ser besada en las mejillas con besos que duren siete segundos.
Llorar es un ejercicio para algunas personas, una forma de desahogarse…para otros no es tan enrevesado, es simplemente la destilación del alma herida, es el rebosante de la ansiedad y del daño que sufres cuando los truenos de la soledad aparecen.
Siete segundos imaginarios. Segundos Lejanos y Cansados...
La verdad es que el sinsentido a veces es una carta más para jugar con ella. Cuando te encuentras que no sabes qué hacer, juega con el sinsentido, que total, todos te lo van a perdonar...o quizás no. Quizás jugar con el sinsentido sea algo que hay gente que no entiende porque, ni más ni menos, el sinsentido es algo que es practicamente inentendible desde los parámetros de la razón.
Cuando no es la razón quien gobierna puede parecer que todo vale...pero no es así. Al menos no en un modo universal. Quizás valga en lo particular.
No entiendo conversaciones de buen rollo para obtener en cuarenta y ocho horas respuestas ausentes. A mí, personalmente, me tocan la moral, y creo que a cualquier persona con sentido común también.
El comportarse correctamente no es suficiente para que la gente sea correcta, parece que no. Que uno tiene que ser un gilipollas o un hijodeputa. Pero tampoco, porque gilipollas lo soy un rato largo.
Y encima ayer fuí un desastre en el ensayo.
Seguro que si pregunto al origen del absurdo me explicarían que no hay sin sentido ni absurdo. Si por decir...
Un halo de misterio parecía teñir cada una de las palabras de William, un halo de misterio sospechoso de ser tildado de mimetismo con el entorno lluvioso de octubre. O quizás, simplemente es lo que a William le gustaría transmitir. Un misterio embadurnado de cierto atractivo. Seducción irreal e imposible para Will.^
Porque William no es nadie, de ser algo no sería más que una pelusa en el fondo de un barreño plagado de pelusas. No sería más que una gota de lluvia entre miles de gotas de lluvia. William no es nada de nada, no es sino una miseria de reflexión baldía. William no es, ni más ni menos, que yo.
No puedo deshacerme de su imagen y así sigo día tras día. Y así seguiré…
Los días se suceden sin más en este preludio primaveral del verano. Sin más o con más de lo mismo, que es decir poco o apenas nada.
Estoy buscando soluciones a mi lectura atascada una vez más. Trópico de capricornio me parece una obra con mayúsculas, pero obra poco enganchante, palabra inexistente por lo demás. Trópico de Capricornio es una novela que desarrolla una verborrea de café sobre papeles olvidados. Es un ejercicio de exhibición impúdica del espíritu. Es un Miller de vuelta que cuenta como fue. Y lo voy cogiendo a pedazos, en trozos de tarde, en minutos que pasarían al olvido y que no pasan porque se aposentan sobre las hojas de este libro americano.
Por otro lado aterrizo sobre Robert Bloch y no acabo de empezar sus historias de fantasmas. Me pregunto si Paul Auster me acunaría entre sus brazos, pero quizás Miller ya lleva el estilo de arrullo que me podría dar Auster.
Cuando pienso en estas cosas se me viene la imagen de la manta otoñal y una película en compañía…con algo de frío y la ternura de un abrazo infinito…
Pienso en canciones, en muchas. Llevo apegado a una canción siete segundos pensando en un beso infinito.
Voy caminando por una cinta de Moebius en la cual siempre me topo con un mismo pensamiento, una imagen constante. Y voy acompañado de ella sin saberlo. Y me encuentro con su susurro porque no hay otra forma de pasear por esta cinta.
Pergúmeno me ha llamado por teléfono y no sé si devolverle la llamada.
Es definitivo el asunto que rodea mi pensamiento. Hace poco, 48 horas, me di cuenta de que era verdad lo que dije hace más, 480 días, de que hay cosas que permanecen de manera ineludible durante eras milenarias, una eternidad. Así es.
Puedo observar gritos, caras raras, comportamientos ajenos o enajenados, desconfianzas, desafíos, lejanías, pero siempre habrá una necesidad de presencia.
De pronto ves como la ternura se torna en locura, que la tranquilidad se vuelve salvaje, que los dedos de frente son reacciones irreflexivas, que las caricias son golpes, que los te quiero son pequeños insultos, que las manos son aire, que el amor es un extraño respeto pincelado con una brocha de distancia. Y pese a todo es algo más que el muro de silencio. Y pese a todo tienes algo que te hace seguir con la mente dedicada a la imagen.
Sin ser monos, síndromes de abstinencia, son sensaciones de un Estocolmo abandonado porque Copenhague ya se fue. Copenhague apareció una noche de verano en un concierto de un pueblo, buscando una mirada antes de que acabara la noche. Ansiedad por encontrarse buscando la sonrisa del otro.
Cuando vas sintiendo esas necesidades puedes encontrarte que tu alma está en venta, que no puedes alimentarla más de deseos frustrados y piensas que sería mejor venderla para que alguien hiciea buen uso de ella. No es una venta como la de Fausto -joder, qué casualidad, esa obra de Marlowe- por la ambición de poder, más bien todo lo contrario. Es una venta para que tu alma pueda tener mejor recompensa en el día a día.
Resulta inquietante además tener la pequeña sensación de que esa recompensa te pueda venir de quien te la niega, de quien te impide dormir, del dueño de la imagen que te lleva a Copenhague.
Tras unos días fuera el regresar es como dedicar un poco de tiempo a observar si todo está donde tiene que estar. Miras la habitación de tu alma para ver lo ordenada que está, a ver si reconoces cada hueco, cada enser en su lugar, cada libro en su estante.
Yo suelo comprobar que la habitación está manga por hombro. Plagada de recuerdos inconclusos, deseos en un tintero rellenado una y otra vez, papeles de mundos lejanos, retazos de besos que no se dieron, alambiques con líquidos de color extraño que tal vez provengan de las destilaciones del azúcar del ánimo, libros por el suelo…
No está sucia…está desordenada. Y uno se tira un rato en los momentos de la vigilia pensando cómo se puede ordenar todo. Y no sé de ningún método fácil, quizás porque no lo haya.
Mientras le das vueltas y vueltas, piensas en el viaje que has recogido de tu maleta, el que has guardado en tu memoria con sus momentos. Haces un montón de sensaciones buenas y otro de sensaciones malas, las pones en los platillos y miras qué te sale.
Y los resultados del balance entran también a formar parte de tu desordenada habitación, a modo de homenaje a Antonio Vega. Y los miedos y la pasión e imaginar hacerte el amor. Así vas recogiendo las prendas que visten un viaje hasta dejarlo desnudo para poder pesarlo bien. Para intentar sacar un valor justo del mismo.
Hay personas adorables que ahora solo escuchan bandas que enarbolan salvajemente un torrente vocal, con guitarras distorsionadas, con letras explicitamente provocadoras, con la evidencia de la huida de lo bello y lo tierno. Son apuestas que no me parecen mal...pero la belleza de lo tranquilo, me parece tan genial como sutil.
Alguien se pone malo y no sabes cómo está porque no responde a la pregunta ¿todo bien?. ¿Es esto lógico?
La lógica es una ciencia, una parte de la filosofía, una parte de las matemáticas. Algo que si llevas grabado intentas seguir y si lo llevas como parte de una mochila pues lo sacas solo cuando te conviene. A mí no me vale mucho esto último, es una actitud demasiado partidista y sectaria. Es un vale todo si a mí me vale. Es un no mirarse en el espejo si no me gusta lo que veo. Es un no quiero saber la realidad.
La realidad es la que es.
Los números son los que son.
El pasado es inmutable y si algo pasa, se convierte en pasado y siendo pasado está ahí como hecho real.
Da igual lo mal que puedas o quieras hablar, el tintineo es una mezcla de cristal de bohemia resonando con diapasones fosforescentes en tonos pastel.
No quedan apenas naipes para entender el universo particular.
El horizonte de tus deseos termina donde el mástil del barco del presente comienza a perderse.
Carambolas del azar, respuestas del jugador de póquer con el que tiras los dados de lo incierto. The Troggs o Talking Heads sonando, o Tears for Fears, flowers in the window de Travis a la orilla de un río. Jugadas del escape con seriedad de distancias infinitas en pieles cercanas. Tipis en praderas sin sentido astronómico que se suponen tendidas porque el búfalo pasa por allí cerca.
Mantente corriendo, aunque todo el mundo se ría de ti y te haga sentirte triste, algún día seré el único que te haga entender algo. Risas sin sentidos y sílabas deslizadas en un túnel sinfín de vocablo groseros en acentos poco glamurosos. Realidades del otoño que se tornan en primaveras desprovistas de flores.
Todo o nada en absoluto gritan unos pequeños rostros a ritmo de beat mientras que yo estoy sentado en una silla bebiendo una fresca cerveza y viendo pasar el rumbo de la tarde escuchando voces conocidas.
Alemania, Friburgo. Temperatura deliciosa, mañana tranquila, trabajando al aire libre. Raro, una mesa llena de papeles con dos portátiles y discusiones de trabajo en una zona de fumadores.
A veces, cuando menos te lo esperas, sale el sol y este apenas calienta.
Navego en mis silencios pues es lo único que se me ocurre sin crear un panorama de tensión innecesaria. Pese a que el término justicia sea un valor a no considerar.