Sencillamente...
Sencillamente, no se ni qué poner. Sencillamente, estoy agotado, triste,...sencillamente, no entiendo. Me apetece dormir...pero temo dormir con fantasmas.
Sencillamente, no se ni qué poner. Sencillamente, estoy agotado, triste,...sencillamente, no entiendo. Me apetece dormir...pero temo dormir con fantasmas.
Y del silencio al sonido la diferencia son del orden de 7.8 puntos...
y encuentras grupos de música con el 7.8, y el día resulta más agradable.
Pienso cosas, y vivir en este silencio tan ensordecedor me deja abatido día a día y me impide hacer nada.
Tampoco puedo dejar de pensar...
Esto es una mierda. Este silencio me deja roto.
Me gustaría que este pasaje de silencio no fuera largo, a mí se me antoja infinito.
Releo a Alicia y me cuenta cómo habla con un ratón y el miedo de este a todo lo que Alicia cuenta de perros y gatos. La historia del ratón, su pasado, le hace albergar ciertos temores que Alicia ignora.
Todos somos un poco así, la gente no sabe todos los momentos del pasado de los demás, ignora por lo general todas las situaciones que provocan temor en el de enfrente. A lo sumo saben una o dos. Y eso se resuelve hablando, o errando. Hablar y errar van unidos muchas veces, de la mano de una frase puede ir un error. De la mano de un error puede ir una frase de perdón.
Hablar y errar son especialidades en las cuales me desenvuelvo como pez en el agua. Soy un charlatán que devora errores como si fueran onzas de chocolate en un colegio plagado de niños golosos. Yerro con suma facilidad, y mis errores obedecen generalmente a un intento de hacer las cosas más fáciles. Pero debe ser que no soy capaz de hacer esto bien.
A veces me gustaría tener la lista de las cosas que hago bien. Puede que no me viniera mal tenerla escrita en la pared para que no se me olvidara. Pero esa lista debería ser ajena a mí…si me pongo a hacerla en días como hoy tendería a pensar que es tan corta que no merecería ni el papel sobre el que se escribe. Pero si la escriben otros estaría flotando en mi mente un poso de desconfianza del tipo que la gente dice las cosas por agradar, no porque sean ciertas. Y así me paso el día a día cuando el día es oscuro.
Algunas ratas tienen miedo de perros y gatos, otros tienen tengo miedo de los príncipes que aparecen en los planetas tratando de domesticar zorros. Yo tengo miedo de todo eso y de mis propios temores. Busco las baldosas amarillas y presiento que hay demasiadas brujas, presiento que hay demasiados puntos cardinales.
Comienzo a leer Alicia, lo releo. Cuento para niños que no es para niños. Cuento de un tipo que a mi me parece que tenía mucho de amor a los infantes, al Carrol le pillan hoy y le meten en la cárcel. De todas formas no es algo a tener en cuenta, lo sublime no tiene porqué ir de la mano de la moralidad, la virtud o la perfección sea cual sea el valor de perfección que uno tenga.
Releo a Alicia y me encanta lo que me muestra. Ese universo distinto, ese pasaje subterráneo. Me gustaría a veces tener mi pasaje subterráneo, mi pais de las Maravillas. Pero siempre me dio miedo la Reina de ese país. Creo que siempre me han dado miedo las féminas. Creo que no acabo de manejar los protocolos de relación con las mujeres. Me supera todo. Supongo que una falta de educación emocional ha logrado que tenga una gran cantidad de defectos a la hora de ejecutar mi actuación en este circo. Este teatro en el que juego e interpreto lo que puedo...
In this theatre that I call my soul
I always play the starring role
Bueno...no soy tan protagonista...en eso no le doy la razón a Sting. Aunque sí en el título de la canción donde sale esa letra.
Leo Alicia y mis letras divergen aparentemente. Releo a Alicia y esperaré a que aparezca algún gato de Cheshire que me muestre una sonrisa y con el que conversar de paradojas. No se muy bien donde ando, en eso estoy un poco como Alicia.
Roto...
Escucho a Los Rodríguez, Todavía una canción de amor, letra de Sabina. Escribo unos malos versos bajo el influjo de la canción.
OCULTO Y CANSADO
Si me pierdo y no tengo quien me encuentre,
no me busques en el trono de un bazar,
mejor busca en miradas algo ausentes,
perdidas por la fuerza del azar.
Discurren hoy tus manos por Poniente, Pensar si lo que duele son amores, Apenas tengo versos con sabores. Shakespeare, Love and Calls
me oculto sin sentirlas, por llorar.
Te anhelo en las lagunas de mi Oriente,
vivir así es un desesperar.
pensar si te has perdido una verdad,
abrir la caja y ver temores
nos llevan a cerrarla una vez más.
Apenas saboreo la verdad.
Nuevo grupo a estudiar, Mute Math, tienen dos discos en el mercado y me llegan referencias del primero y de sus videos. La canción typical está bastante bien y me hace sentirme interesado por sus composiciones. Me recuerda a varias bandas, desde U2 a Jimmy Eat World.
Hoy estoy cansado, tras un día raro como ayer, donde el alcohol hizo presa de mi consciencia de forma demasiado atosigante a eso de las 3 de la mañana. Cansancio y alcohol son una mala combinación. Y ayer se vio de nuevo.
Hoy estando cansado me pongo ¿qué hace una chica como tú en un lugar como este? en un video de youtube con Antonio Vega y Pepe Risi compartiendo escenario y es, sencillamente, magnífico.
Por otro lado, la balaustrada cerca del palacio de oriente es un lugar precioso desde el cual se puede observar todo el campo del moro, sus jardines. Y a eso de las 3 de la mañana es una actividad mejor que muchas otras.
Hoy estoy cansado y me cansa Mute Math, y los recuerdos se me agolpan. Y echo de menos cosas. Voy a ir a dormir y seguramente me despierte con una idea, una imagen.
Estoy cansado, mañana es lunes. No encuentro la ruta... Shakespeare, Love and Calls
Paco Ibáñez...no me gustan sus actitudes recientes, pero me gusta su versión de la mala reputación... joder, estoy hasta los cojones.
En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño ;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.
Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me pudo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.
Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla doy al señor
Y he aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos tras de mí a correr
Salvo los cojos, es de creer.
Ya sé con mucha precisión
Como acabará la función
No les falta más que el garrote
Pa’ matarme como un coyote
A pesar de que no arme ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío
No, a le gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Tras de mí todos a ladrar
Salvo los mudos es de pensar.
No hace falta saber latin
Yo ya sé cuál será mi fin,
En el pueblo se empieza o oír :
Muerte, muerte al villano vil.
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío
No, a le gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
‘Todos vendrán a verne ahocar,
Salvo los ciegos, es natural.
Hoy he estado leyendo de nuevo a Fitzgerald. Y también algo del principito. Lo del principito es un pasaje recurrente, el del zorro domesticado. Sentirse zorro es una putada, pero también hay que recordar que el zorro le pidió al pequeño príncipe que le domesticase. Todo eso está pintado con bellas palabras que no ocultan el dolor del relato
"Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo... “
De Fitzgerald el pequeño Absolución, que no me fascina como otros, pero que me encanta como posible prólogo a Gastby (me imagino que Rudolph sería la infancia de Jay). Y me encanta el reflejo de la culpa católica inculcada por el padre en el hijo. Toda una realidad maravillosamente contada por ese puntal de la literatura americana.
En algún lugar de Londres...
- William, cuanto tiempo hace que no recuenta sus errores.
- No le entiendo inspector
El cuarto donde el sargento Soppot y el inspector Couldyun conversaban era una habitación maloliente donde el asesino había vuelto a dejar sus credenciales. Una habitación de un hotelucho de Londres donde al parecer una señorita bien vestida y un caballero con aires aristocráticos habían subido al cuarto para hacer “cosas en las cuales nunca me meto” tal y como había declarado el recepcionista. Restos de sangre sobre almohada hacían que el momento fuera tenso.
- Salgamos William, en cuanto a los errores. ¿Los conoce?, ¿sabe de sus errores?
- Pues nunca había pensado en ello.
- Me lo imaginaba.
- Y usted inspector, ¿los conoce?
El inspector se paró en el rellano de la escalera que daba a la recepción del hotel. La alfombra del suelo amortiguaba cualquier sonido y dio la sensación de que también amortiguó sus palabras. Se quedó pensando y dijo
- Conozco bastantes, mis pesadillas entre otros. Hoy le diré uno...
- ¿Cuál?
- La impaciencia. Y salgamos a la calle, nos vendrá bien el aire fresco de Londres.
Suenan trompetas en el aire sin avisar de que van a sonar.
Suenan trompetas y los artífices del arte caminan ebrios por la orilla de un río de miel.
Suenan y suenan, y un cisne llora mientras un cazador baila alrededor de una hoguera imaginaria.
Trompetas cultivadas con fresas que brotan en una sinfonía de dulzor frutal imaginario.
Imágenes circulares rodean un círculo en una redundancia amorfa, eterna e infinita.
Estos días son días raros, el sonido del mar se acerca y se va.
Hace unos días estuve en el norte, con paisajes nevados, cumbres verdes, y el mar de fondo. O al revés, la montaña de fondo y el mar alborotado por ligeras brisas. Con el frío en las calles, con el sonido de las olas adornadas con andamios invernales. Hace poco estuve en el norte caminando por las calles y viendo el mar desde un espigón, con un frío atroz.
El norte tiene algo que te hace mirar distinto los puntos cardinales. Miras a oriente en vez de al este, a occidente en vez de al oeste. El norte te agasaja con su paisaje y se contenta con que le devuelvas la satisfacción de tu mirada.
Hace una semana estuve en el norte bebiendo sidras y probando sartenes descomunales. Estuve mirando calles y compartiendo minutos. Estuve deambulando con mi cabeza por los caminos en espiral que tanto me conozco. Con lluvia cayendo y sin saber porqué caía tanta lluvia en la playa. Con demasiada lluvia.
Ahora la planicie mesetera vuelve a ser la constante. Y el gris del asfalto. Y lo urbano.
Suenan trompetas por doquier, pero no se qué tocan, será que no las oigo. Parecería algo de Brandemburgo si no fuera porque no lo parece.
Lo de las trompetas es un truco para escribir algo. Tenía que agarrarme a un estímulo artificial o artificioso. Y una trompeta puede serlo sobre todo si te acuerdas de Penny Lane. Y esas trompetas sí que suenan a menudo en mi universo sonoro. Curiosamente la cara A de Penny Lane es Strawberry Fields...¿¿¿un single de trompetas con fresas???
Curiosas casualidades las que llevan las palabras y las frases libres...
Me encuentro bastante perdido y extraño.
Me encuentro agotado.
Me encuentro con la piel vuelta del revés.
Me encuentro con el estómago en constante tentación de vómito.
Me encuentro burlado.
Me encuentro triste y disimulando a la vez.
Me encuentro con disimulos ficticios.
Me encuentro que disimular cada día, cada minuto, cada segundo cuesta más.
Me encuentro como un rey sin trono y sin reino.
Me encuentro como un perro buscando un amo.
Me encuentro cansado.
Me encuentro sin saber a dónde voy.
Me encuentro tan apático que la realidad me resulta un mundo ajeno.
Me encuentro sin fuerzas.
Me encuentro dolido por no saber sacar sonrisas.
Me encuentro bastante roto por dentro y sin saber reconstruirme.
Me encuentro en una nube distinta sin saber dónde mirar.
Joder...qué mierda.
Shakespeare, Love and Calls
¿Qué mejor que ayudar a quién lo necesita? Y cuando no sale, ¡qué frustración!. Y pasar los días sin ayudarse a uno mismo ni al que llora...los dolores van por barrios, por el mío pasan con frecuencia.
Leo “A tu edad” de Scott, el viejo amigo. Siempre hay sitios donde volver. El momento que describe en el vagón de tren camino a México con esa dama que Meigs presenta a Tom es sencillamente perfecto. Lo aturdido del momento y lo aturdido que me deja. Qué grande es este escritor, qué detalle la relación entre Tom y Annie. Se me erizó el vello en la escena del tren. Casi lloro. Pero eso no es nada raro en mí. Tengo una sensibilidad desbocada.
Ayer fue un día demencial con ganas de dormir y sin ganas de apenas nada más. Enganchado a mí mismo, llevo un tiempo con mis ideas en mochilas desechables y creo que cuando las abro no están ahí porque actúo no con un ideario sino de forma errática y errónea.
Me acerco a Miguel Hernández, ese poeta de lo bello tan politizado, por desgracia, me acerco a él, a sus versos libres, esos lejanos de la guerra, esos del alma. Me acerco y leo un soneto...
¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?
¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?
Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.
Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.
Creo que no se puede decir mejor. Creo que tengo que comprarme ese libro de poemas, previo a todas las andanzas políticas, creo que “El rayo que no cesa” debe estar en mis estantes. Lo he leído esta mañana en internet, y creo que he visto muchos retratos míos en sus versos. Creo que debo comprarme ese libro.
Hoy me he levantado y me he encontrado con que varias decenas de libros se habían caido de mis estanterías. Mi cuarto parecía como si hubiera sido registrado por una banda de agentes soviéticos buscando un documento donde aparecían los alias de los agentes americanos infiltrados en el KGB. Un desastre de libros y Cds -originales, eh- por el suelo. Scott Fitzgerald mezclado con Gil de Biedma, Henry Miller con discos de The Flaming Lips,...hoy me he levantado y he visto el revuelto que es mi vida donde todo acaba mezclado como en ese alud de estanterías volcadas.
La sensación de confusión hoy ha sido tremenda. El despertar ha sido una bofetada y mientras la digería me encontré con la avalancha de mi habitación. Conclusión, no he digerido la bofetada y el desorden literario musical que había por el suelo me ha parecido un guiño extraño a mis realidades mentales. Todo ello aderezado con la impotencia de ser incapaz de que mis manos sirvan de algo, de salvamentos, aunque fueran pequeños o puntuales. Con la impotencia de no saber ayudar aunque lo esté deseando con toda mis fuerzas.
Poco a poco se asienta en mi cabeza una idea supersticiosa -eres supersticioso me han dicho- de la vida, donde el destino se sienta a mirarnos y juega con el ritmo del tiempo, provoca casualidades, promueve circunstancias y logra construir un laberinto sin fácil salida. Y esa impresión se va consolidando y me imagino como hay alguien que se está riendo de mi. Además se da el hecho que yo no se jugar a este juego. No se medir los tiempos, me precipito y siempre tiendo a pensar que el mañana no existe, que el presente se va y que solo nos alimentamos del pasado. El destino, al contrario, vive del futuro y debe ser consciente de que mis errores del presente son las diversiones de su futuro.
La foto me da algo de mal rollo, pero empiezo a sentirme en un mal rollo con espiral. Y las soluciones a esto...las hay urgentes, inmediatas, a corto, medio y largo plazo. Como los depósitos dinerarios.
Hoy me he levantado encadenado con la sensación de que no hago nada bien, ni hacia mi ni hacia los demás. Soy incapaz de ayudar a quien lo necesita. Y tampoco se ayudarme a mi mismo. Parece que el tiempo de pensar está aquí. Quiero sentirme protegido. Pero si no soy capaz de proteger yo a nadie... qué puedo esperar.
A mí me gusta Oasis. Sí...y qué. Reconozco que están abonados a lo mismo y su evolución es casi nula. No como Blur, que también me apasionan. Pero Oasis, o más en concreto Noel Gallagher, son capaces de hacer melodías tremendamente preciosas -a mi gusto-. Suenan a melodías lenonianas o mcartnianas, o maravillosas simplemente.
Repongo como poner dos veces o mil el disco What's The Story Morning Glory. Creo que es de los discos que más me impresionó de primeras. A mi se me pasó el anterior, el definitively maybe, cuando salió yo andaba con otras músicas. Pero el siguiente, este morning glory, me dejó impactado. Venía de escuchar whatever...y claro, un beatlemano no queda inmune a esas cosas...
Y ahora, hoy, me ha dado por oírlos de nuevo, puede que haya pasado el tiempo para ellos. Para mí también...mis tiempos son dedos cortados con la esperanza de pertenecer a una raza alienígena a la que le crecen las extremidades cortadas. Estos días son días de lluvia aunque hace sol.
Hoy ando perdido y preocupado por lo ajeno que no lo es tal. Lo ajeno deja de serlo cuando te levantas pensando en ello. Entonces es algo tuyo. Las lágrimas ajenas se convierten en propias cuando te duele escuchar como caen al suelo. El silbido de cada gota salada surcando el aire hasta chocar contra el suelo frío, ese silbido continuo porque siempre hay otra gota esperando para saltar al vacío.
Hoy escucho a Oasis con ganas de que los Oasis existan más a menudo. Hoy el día se levantó igual que se acostó ayer. El dolor se palpa en el ambiente...
Shakespeare, Love and Calls...
De pronto hay días que te despiertas y notas que algo no está en su sitio. Piensas en la noche y la recuerdas como una sucesión de horas inquietas y decides no darle vueltas…te pones una canción animada y crees que la cosa no va mal. De pronto, es lo que tiene dejar un disco puesto, la canción termina y llega otra, que no es tan animada…que no tiene ritmo vertiginoso, que tiene una voz que suena a lamento y algo empieza a torcerse…
Hoy me levanté así, cuando me quise dar cuenta estaba mirando por la ventana el rastro que la lluvia deja en las calles, sin sentido, mirando por mirar y sin querer investigar porqué miraba sin sentido y sin saber dónde encontrar soluciones. Con la duda de la existencia de las mismas, con la duda en uno mismo.
A veces uno pide ayuda de forma extraña. Simplemente estando seco uno está diciendo algo parecido a “si estoy seco es para que alguien me quite la sequedad, y es fácil de quitar, solo hay que intentarlo”. Pero eso es ser tonto o, al menos, poco práctico. Curiosamente creo que se me da mejor ayudar que pedir ayuda.
En eso soy un poco tía, y aquí va el comentario machista, soy poco fácil y suelo esperar que la gente reaccione de una forma sin decírselo. Y nunca, o casi nunca, me funciona. Y entonces todo se pone peor porque la vía se estrecha y la luz del túnel se convierte en un hilo de penumbra apenas perceptible. Y empiezas a quedarte sin fuerzas y todo se viene encima…
Estoy perdido en mí mismo, en mis sensaciones o en mis ideas desencajadas de lo descrito en manuales de estilo. Estoy entre condenas de lo vulgar y caprichos del azar, penando sin un claro objetivo por lo que rodea. No importan los problemas, las condenas aparecen sin llamarlas. Ya lo decía el señor Calamaro.
Pasear por el día, por un día, uno tras otro, con pasos pequeños no vaya a ser que salpique el charco del tiempo, no vaya a ser que escandalicemos a la brisa de la mañana. Paseando así, sin lugar de destino y apenas las monedas para un autobús que no sabes donde lleva. Son paseos rutinarios, años de paseos buscando lo que queda entero por ahí.
El otro día alguien me dijo “y tú ¿en qué mundo vives?” a colación de mis muecas de asombro por las noticias que el mundo, en el que extrañamente resido, estaba derrochando las cuales yo ignoraba. Hace años me preocupaba todo, ahora mismo me preocupa la guitarra que me quiero comprar y cómo va a ser lo que me reserva el siguiente día. Tengo puesto el cartel de cerrado por vacaciones a la actividad de mi pensamiento incansable. Estoy como decía aquel, en un hotel de una secundaria carretera provincial. Aún así mis apariciones no son acertadas, debe ser que aunque andes perdido y sin pensar, dentro de uno hay algo que tira de nuestras acciones y dirige, como un director empeñado en su maestría, cada paso que damos. Director que jamás ganará nada pues sus ideas son caducas, raras o simplemente están demasiado lejos de lo que nadie espera de una película.
¿Cuántas monedas quedan en los bolsillos si ya has hecho todas las llamadas? Millones de referencias musicales rodean mis palabras, soy parte de lo que he escuchado y parte de lo que he leído. Soy un quizás porque no soy capaz de llegar a mirarme a los ojos. Soy el tal vez que escribo entre papeles de colores sepias ajados por el paso de los años.
Palabras contenidas extrañamente surgidas de lagos de colores naranjas.
Cantar es disparar contra el olvido. Preciosa frase.
Recorro la discografía de Los Rodríguez apreciando frases y preguntándome cuánta gente nos cruzamos que duerma con lágrimas simplemente por una canción con una letra bien urdida.
La cocina de mis pensamientos anda entretenida en un caos ante el que cierro la puerta. Robo frases y expresiones, soy un ladrón de las palabras.
Veo Coraline, película pendiente por diversos motivos, la veo y disfruto como un niño grande, pues tienes que ser grande para no caer en el terror perverso de la película. Un niño, o al menos yo como niño, me cagaría de miedo. Últimamente llevo algún cague por películas de miedo...el otro día me vi el perro de los Baskerville, que no es de miedo pero que recuerdo que cuando era un niño no me la dejaban ver y al oir el aullido del perro desde la cama de mi habitación me metía debajo de las sábanas para pasar desapercibido entre lino y sudores.
El sabueso con Peter Cushing como un maravilloso Holmes, y la siempre imponente presencia de Christopher Lee como el heredero de los Baskerville (Sir Henry) hacen que sea fantástica ver la recreación del universo de Conan Doyle. Apenas hay peleas, no como el Sherlock que se han sacado ahora con Downey Jr. -he visto trailers y dan unas hostias de no menearse-. El Holmes de Peter Cushing es un tipo que fuma en pipa, sin acercamiento femenino -si se leen las historias de Conan Doyle se ve que es así- y que me recuerda al que posteriormente Billy Wilder mostró en la Vida Privada, gran acercamiento al inquilino del 221B de Baker Street donde reinventa a Holmes sin apartarse de su leyenda pero explicando la misma -torturas de morfina y tensiones sexuales no resueltas-. En el perro de los Baskerville Holmes es un Holmes clásico, en toda la extensión de la palabra.
Pero empezaba por Coraline. Terrorífica la mente de Gaiman cuando imagina este tipo de historias. Es un terror sacado de las historias clásicas, de los cuentos de toda la vida, mezclado con esa portentosa mente para crear otros mundos en un pastiche elegante de personajes y tradiciones. Ese mundo paralelo del que Coraline intenta escapar, como del castillo de las habas mágicas en la persecución final. Los acertijos que tiene que resolver como el nombre de Rampelstikin. El ojo para ver las cosas perdidas me recuerda el hilo de Ariadna a Teseo...y Gaiman todo lo maneja sin saberlo o sin parecer que lo sabe, de forma natural.
Lo insano y lo que denota la imaginación brutal de Neil Gaiman en este cuento es lo de los ojos, imaginar un mundo paralelo donde los ojos son botones, es terrorífico...y todo tiene sentido cuando la malvada bruja -la otra madre- se convierte en araña que teje y cose...como son cosidos los botones. Que te quiten los ojos es como que te quiten el alma, ya lo menciona el dicho “los ojos son el espejo del alma”, pero si te ponen botones...
La adaptación al cine no la juzgo por no haber leido la historia orignal, tengo una adaptación al comic de Craig Russell pero está pendiente en mi lista inmensa de libros pendientes. La película está a mi entender perfecta, el recrear la historia con la técnica "stop motion" le da mayor sensación de inquietud (recuerdo la novia cadáver), y Selick ya me maravillón con Pesadilla Antes de Navidad presentando al mundo ese gran personaje creado por Tim Burton llamado Jack Skellington.
He visto Coraline y he disfrutado...no está mal, dos noches, dos pelis, esta rutina debería mantenerla.
Estos días horrorosos de fiestas navideñas y demás zarandajas, aproveché para ver un pequeño corto (no llega a los 15 minutos) , en el cual un puñado de músicos de jazz eran filmados interpretando 3 temas. El asunto en cuestión se titula Jammin’ the blues, y es eso, una jam sesion rodada en 1944. El film -la peli, o sea-, está en blanco y negro, preferiblemente negro pues todos son negros menos el guitarrista que es blanco pero que con un hábil enfoque de luces y sombras parece también negro
El corto es sencillamente maravilloso y la música también. Ver a Lester Young con su saxo tenor, tocando con esa dejadez tan bella resulta arrebatador. El escenario es simple, una sala en colores negros, claroscuros por todos lados y humo. Mucho humo, veo a Lester Young con el cigarro entre los dedos mientras pulsa las llaves, el cigarro encendido, dejando deslizar entre el aire unos finos hilos de tabaco quemado. El humo que impregna la escena confiere un ambiente especial. De hecho lo más blanco que aparece es el humo de los cigarros consumidos por estos sensacionales músicos.
Y mientras veo el corto pienso en la ley antitabaco, esa respuesta que nuestros gobiernos están dando a la conjura internacional del tabaco. Sabido es por todos que los fumadores quieren conquistar el mundo. El tabaco, ese gran enemigo de la felicidad.
Lester Young no fumaba porque fuera guay, y el jazz no tiene humo porque fuera cool, el cool jazz vino bastante después de que Lester fumara en este corto. Ninguna de las caladas que dieron esos músicos, ningún humo enfocado por la cámara era por encumbrar el tabaco a ningún pedestal. Simplemente era así…y posiblemente alguna cabeza brillante de las de ahora querrá eliminar estas películas.
Recuerdo uno de los bares de jazz de Madrid, el Jazz Bar, que como original en el nombre no es que sea la leche. Pero siempre lo asocio a lugar de bullicio, humo, reposabrazos de cuero sintético negro, estética demodé, y humo. Dentro de poco no tendrá humo…supongo que en breve prohibirán el alcohol y entonces servirán deliciosos zumos de piña.
¿Prohibirán Smoke y Blue in the face?, ¿las eliminarán de los catálogos de cine como si nunca hubieran existido?, de hecho he ido a comprar Smoke en diversas tiendas en España y de momento está descatalogada...no pensaré en conjuras, pero me toca los cojones que una película como Smoke sea tan complicada de encontrar. En los USA la siguen vendiendo...lo mismo los gilipollas somos nosotros.
Dentro de poco el lugar para salir a tomar algo con los amigos será una hamburguesería…y Ronald McDonald amenizará las conversaciones con alguna gracia de payaso.
Y es que…en eso nos hemos convertido…en unos payasos.