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Notas de Mr. Kite

Soledades

Soledad Sentida II

Soledad Sentida II

Unos versos de Nicanor Parra, poeta chileno, me los quedo, me los adapto. Me hacen sentir un dolor reflejado. Un reflejo del dolor. ¿Qué gano con decir yo me he portado bien?

LA POESÍA TERMINÓ CONMIGO

Yo no digo que ponga fin a nada
No me hago ilusiones al respecto
Yo quería seguir poetizando
Pero se terminó la inspiración.
La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir
Yo me he portado bien
La poesía se ha portado mal
Cuando saben que yo soy el culpable.
¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien
Yo me he portado horriblemente mal
La poesía terminó conmigo.

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Soledad sentida I

Soledad sentida I

Hoy a las once de la mañana me he sentido tremendamente solo y un río de lágrimas ha abierto nuevos cauces en mi rostro.

Hoy estoy roto. ¿Quién me entenderá ahora?

Hoy se abren puertas antaño cerradas al dolor.

Hoy duele.

Soledad Ficticia VII

Soledad Ficticia VII

Me recuerdo a mi mismo y veo que no soy el que era pero que tampoco es que haya mejorado. Quizás empeorado porque después de pasado el tiempo lo lógico es avanzar y no observo un avance significativo después de años de retrocesos con pasos de escaramuzas fronterizas. De la frontera del espíritu digo.

Total, sigo escuchando lo que me duele porque me gusta, sigo pensando lo que me duele porque me gusta, sigo así porque hay un punto de desequilibrio que me hunde y me gusta...me gusta hasta que no puedo más y saco la cabeza para respirar. Y así todos los días, así toda la vida, minutos arriba, segundos fuera. Así, pensando y leyendo para pensar que lo que pienso no está tan errado para acabar con un pinzamiento de alma que se alivia con un analgésico elaborado tras años de investigar sobre él.

Creo que me he dado cuenta de nuevo que soy un manazas. Nunca supe que lo era tanto hasta ahora...jamás pensé que la estética del dolor fuera abrazada de forma ajena, jamás me sentí responsable de una destrucción interior. La estética del dolor... mierda. Me doy cuenta de que por un momento me he convertido en un personaje de los que leía, un tipo de los que hablaba mi adorado S.F., uno de aquellos por los que uno brindaba. Menuda mierda...siempre intuí que ser un desheredado espiritual debía ser muy duro. Atractivo para una película, Ray Milland en días sin huella es fantástico pero no debemos cambiarnos por él, nadie debe desear ser un sufriente, un herido en el impulso anímico. Nadie debería intentar sentir el dolor por el dolor.

Soy un excremento de algún semidios taciturno que se olvidó de limpiar sus deshechos. No soy nada más. Y mis lágrimas tiñen un río tranquilo de colores irreales. Pido mil perdones.

No hay tiempo, solo cafeteras inservibles, los arco iris se fueron porque la luz aparece solo por las noches. No hay nada. Hace tiempo que no hay nada. Solo cafeteras inservibles.

Y el silencio de contemplar estas palabras es adecuado pero duele.

 

Soledad Ficticia VI

Soledad Ficticia VI

Me impongo un silencio... quizas sea beneficioso. Seguramente eso piensan algunos. Seguramente...

No veo una puta nube porque el cielo está descansando. No hay colores. No hay nada de lo que nos hace sonreir por las mañanas. Apenas un halo de brisa. Espero que sea fresco.

No hay rocio. No hay nada. Ni un desayuno efímero. Nada.

No hay más que un trozo de vacio que estuvo ocupado por un universo de sensaciones de color violeta.

Pero nada más...no puede haber nada más. Nada más y eso es el pasar. Como los días.

Como los días pasan...escucho nuevos discos. Elbow. Gracias a la música, lo hace todo menos malo.

Creo que no me entienden. Ni siquiera los que aconsejan y dicen que lo hacen. No entienden nada porque piensan que mi atalaya es fuerte. Y solo es una atalaya...no hay más cimientos que la arena de los años.

No hay nada...solo vacío. Y este vacío me invita a cantar. Mientras voy mirando como tengo arena en las manos, la arena del tiempo que no fue.

¿Hay alguien ahi?

¿Hola?

Soledad Ficticia V

Soledad Ficticia V

Aparecen puntos de discontinuidad en la sala contigua al zaguan de nuestra rutina. La miro y expulsa aros de humo por su boca y fuera hay peces de colores tocando un saxofón.

La función es singular. Y el delirio me exhorta a disminuir la presión sobre mis sienes. Por supuesto, no dejaré de tomar el té de la mañana cuando apenas queden ya sonidos del tiempo el que el aroma de lo grosero sea una anécdota de colores agresivos, explicados entre bocados desafiantes.

Alguien debería apagar el clamor de la multitud. Si teneis el interruptor a mano, por favor, desconectadlo.

Madrid es mi ciudad y es razonable pensar que tiene muchas azoteas donde saborear un buen cuerpo, pero hay mucho ruido, de excavadoras para hacer túneles donde disfrutar de lo oculto. Nuestro alcalde quiere que nos escondamos en el subsuelo. Nuestro alcalde es uno más en el acontecer del día a día. Ese acontecer que nos deja cariacontecidos cuando pensamos sobre él.

No tengo lluvia, se terminó el otro día. Puedo ofrecerte una monotonía insistente. ¿Quieres dormir?

Mejor que corramos todos tan lejos como puedan llevarnos tus pies, tan cerca unos de otros como para que podamos oir nuestros gritos. No quedan ejércitos para distraerte. No quedan más que unos aros de humo flotando sobre el ambiente, luchando por no deshacerse, pero es inutil, al final se rompe el círculo,...como todo círculo por otro lado.

No llueve pero hay lágrimas por el suelo.

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Soledad Ficticia IV

Soledad Ficticia IV

Intento levantar unos párpados cansados por el hastío y para ello cambio de disco. Pues no, la canción no me deja. Suena y me resulta difícil quitarla, little black cloud. Cardigans, ¡cómo no!

 La canción suena triste pero la leo y no me parece que sea muy tristona, tiene un cierto mensaje de ánimo. O quizás es que se me olvidó el inglés.

Me cago en la leche, total, es jueves. No se porqué en ocasiones llueve sin previo aviso. Supongo que por el mismo hecho que en ocasiones te esperas una buena manta de agua. Y las mantas a veces son bonitas. Y abrigan.

Madrid es una ciudad de climas antojadizos. Y así nos pasamos el año. Y me gusta. Me gusta mi ciudad.

Las idas y venidas por una playa plagada de arena salada me recuerdan que hay mucha agua salada que emociona. Y solo nos gusta bañarnos en ella cuando sabes que la toalla está a mano. Luego, si no te secas bien, puedes resfriarte.

 

Soledad Ficticia III

Soledad Ficticia III

Es muy difícil que coincidan los momentos.

 A veces llueve cuando deseas sol y a veces llueve cuando estás fuera. Otras veces hace sol y no tienes gafas y otras hace sol y estás fuera. En ocasiones hay un viento frío que hace que una tarde resulte un infierno y también estás fuera.

La mayoría de las veces que estás fuera no hace el clima que quieres. Por eso estar fuera es una forma de vivir despierto.

A veces prefieres dormir...

Soledad Ficticia II

Soledad Ficticia II

No podía ser de otra manera. Era imposible evitar escribir algo. Y estoy escribiendo algo en un cuello de cisne imaginario que asciende por mi garganta y tapa mi boca y deja al descubierto solo mis ojos húmedos. Suenan canciones, los cardigans, primera canción del disco super extra gravity, suena apropiada.

El día es lluvioso, con niebla, maravillosamente deprimente. Adoro estos días, adoro muchas cosas. La idolatría queda lejos, los mitos están al pie de mi cama. No tengo becerros dorados, quizás algún destello violeta.

No podía ser de otra manera. Era imposible que el día apareciera tan lejano que no llegara, y sin embargo te olvidas. Te olvidas de las cosas grandes. Y de las pequeñas... se me dan muy mal las cosas pequeñas. Se me da muy mal ordenar lo mundano, se me da muy mal subrayar cada concepto con un color distinto. Se me da muy mal el orden.

No podía ser de otra manera. Era imposible no escribir. Al final no hubo momentos para que alguien resultara más agradable pero sí hubo vino para unos cuantos.

No podía ser de otra manera, solamente había dos lágrimas en la arena. Una era azul...de la otra no recuerdo el color.

 

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Soledad ficticia (I)

Soledad ficticia (I)

Ella era gris.

Ella era gris y no tenía alma porque la perdió en una mala jugada.

Ella era gris y yo tenía solo dos minutos.

Ella era como un día nublado de los que te gustaría guardar en los bolsillos.

Ella era un sueño azul de color gris.

Ella era un cometa que volaba demasiado lejos.

Ella estaba ahí y yo solo era un suspiro de sus días.

Ella sonreía con unos labios color mercurio y yo la miraba.

Ella quería tener mas de dos minutos y yo solo le ofrecí algo de vino.

Ella aparece muchos días y los minutos siempre son los mismos.

Ella sabe que siente los colores ocultos y yo solo tengo hiel en mis palabras.

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