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Notas de Mr. Kite

¿Está seguro?

¿Está seguro?

-  Querido Soppot, cómo ve la atracción del hombre hacia la mujer.

-  Irreal inspector Couldyun –afirmó William Soppot con una rotundidad que mostraba una certeza milenaria

- Ah, vaya, me sorprende lo evidente que es para usted ese hecho -replicó el inspector con cierta perplejidad y con ánimo de saber algo más de la respuesta del Sargento

- Inspector, yo creo que la mujer no siente una atracción como tal. Perder la cabeza es propio de los hombres, las mujeres no tienen el problema que tenemos los hombres, jeje -William Soppot se sonrió de una manera socarrona, buscando cierta complicidad con el inspector.

- ¿De qué problema habla Soppot?

- Del sexo, inspector. Nosotros perdemos la cabeza por eso y ellas tienen absolutamente controlado el instinto. Toman sus decisiones sin tener eso en cuenta

- ¿Y el amor?, ¿entonces no existe?

- No digo yo que no inspector, pero el enamoramiento, ese estado de enajenación, no es propio de mujeres.

-  ¿Seguro?, permítame que le cuente una historia –sugirió el inspector Couldyun sin un ápice de ansiedad.

-  Adelante inspector.

-  Es una historia extraña, pero quizás le haga pensar sobre eso que me ha dicho…eso de que el hombre no atrae a la mujer. La historia se remonta a cuando yo tenía 25 años y era un aspirante a inspector, ayudante del Teniente Hondson, ese tipo tan aciago, aquel con el que era difícil tener una ligera sonrisa.

Hondson era especialista en cifrado de mensajes, el tío era capaz de estar días y días intentando averiguar un significado oculto, un indicio escondido entre miles de comunicaciones. Era un enfermo de las claves. En el caso del asesino del telegrama fue él solito quien logró descubrir todas las pistas que daba detrás de cada “stop”. Bien, Hondson tenía una hija, Rebecca. Y yo tenía 25 años y tenía amigos de 25 años, uno de ellos, Lawrie, era un auténtico rompecorazones, un dandie que contaba sus noches como noches en blanco y noches de éxito. Y le puedo asegurar señor Soppot que al cabo del año tenía pocas noches en blanco.

Por cierto, ¿conoce a Rebecca Hondson señor Soppot?

-  He oido hablar de ella, su belleza ocupa muchas de las frases cuando su nombre sale a relucir.

- Bonita descripción señor Soppot, bien pues cuando Rebecca tenía 17 años, como podrá imaginar, ya tenía el encanto de ahora, y además era, como le diría, un baul desconocido cuya llave pasaba por el bolsillo de su padre, Anthony Hondson.

-  Creo que Hondson sobreprotegía a Rebecca.

-  Así era, hasta que…bueno, pero eso es otra historia. Lo que le quiero contar es otra cosa. Rebecca conoció a Lawrie y… ¿qué cree que pasó?

-  ¿Que se enamoró de él? –sugirió Soppot no sin cierta cautela

-  En absoluto –Couldyun se encendió un cigarro pequeño mientras se entretenía con el silencio y dejaba que una mueca de ironía apareciese en su rostro. ¿Enamorarse?, en absoluto señor Soppot, además eso iría en contra de su afirmación ¿no es así?

-  Umm.., sí, eso parece –la duda sobrevolaba la cabeza de Soppot, una duda que, en realidad, no le importaba en demasía.

-  Eso significaría que Lawrie había atraído a Rebecca, ¿no es así?

-  Sí claro…

-  Lo contrario de lo que usted afirmó al principio de la conversación, ¿no?

-  Sí, sí…

-  Luego resulta que no debe tener usted muy claro si la mujer se siente atraída por el hombre, tal y como dijo hace 7 minutos.

-  Puede que tenga razón inspector.

-  Casi siempre la tengo señor Soppot…fin de la historia

-  ¿¿¿Fin???, pero ¿qué pasó?

-  Eso es otra historia señor Soppot, el objeto de esta era mostrarle lo peregrino de sus afirmaciones, y lo he conseguido en un tiempo casi record. ¡Me encanta su compañía William”

- Gracias inspector, pero… -el Sargento Soppot no tenía claro muy bien lo qué decir, ni siquiera tenía claridad sobre lo qué sentía

- Tranquilo Sargento, no por eso va usted a tener noches “en blanco”. Y ahora sigamos removiendo estos papeles en busca de más pistas de nuestro maldito asesino. Lleva meses sin actuar pero eso no justifica que nos olvidemos de él.

- De acuerdo inspector, pero dígame, ¿usted qué piensa de si las mujeres se sienten atraidas por los hombres?

- Querido Sargento, eso es irrevelante.

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