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Notas de Mr. Kite

Ir al cine...

Ir al cine...

Rememoro viejas sensaciones yendo solo al cine de nuevo. Hacía tiempo que no saboreaba ese pequeño placer tan mundano de sentarse en una butaca de una sala de algún cine de V.O. de Madrid, solo, esperando el apagón de luces mientras leo alguno de los folletos sobre otras películas de la sala o alguna revista gratuita de cine, con especial dedicación a las producciones independientes. Esas producciones que en realidad no son independientes sino simplemente que no vienen de la mano de una tremenda campaña promocional y que solamente se asocian con una multinacional en la distribución, si acaso, pero que fueron sacadas adelantes con financiaciones a veces de compleja consecución.

Vuelvo al cine, solo, para reivindicarme un poco a mí mismo. A lo que soy o a lo que no soy, puestos a reivindicar me es más fácil protestar por lo que no soy, de lo que soy suelo dudar bastante y, además, no me parece especialmente reivindicable.

Mientras degusto el placer de la soledad previa a la proyección, me preparo mentalmente para el tipo de película que voy a ver (“ahora que he aprendido a decir pilicula lo llaman flim”), “El Gran Vázquez”, y pienso en la España de los sesenta y en palabras como moroso, gandul, berzotas, merluzo,…palabras del DDT y del Pulgarcito, palabras del SuperHumor. Revistas que a la mayoría de la gente les pasaría desapercibida pero con las que yo crecí, alguna heredada de mi hermano mayor, y otras, muchas, compradas o cambiadas en aquellos quioscos donde había infinidad de tebeos usados. Y la mayoría de mis DDT o Pulgarcito habían dejado de publicarse cuando yo los pillaba en aquellas tienduchas de segunda mano. Pero a mí me apasionaban.

La España de los sesenta yo no la viví, me quedó atrás, pero soy un producto de parte de aquellos años. Mi pasión por la música nace gracias a The Beatles, y bandas como Rolling Stones, Who, Kinks, Doors,…se dedicaron a cimentarla. Luego ya llegaron los sonidos modernos, pero crecí musicalmente con Hey Jude y no con Paranoid Android. Lo mismo con los tebeos o comics. Yo crecí con Mortadelo y no con The Watchmen.

Y el Gran Vazquez nos habla de aquellos tiempos donde ser dibujante de tebeos era un trabajo bastante alejado del glamour que ahora pueda tener el comic (“ahora que he aprendido a decir tibeo lo llaman comir”), donde llegar a fin de mes con alguna peseta en el bolsillo era una pirueta circense y donde las letras de cambio eran lo más habitual a la hora de comprar una nevera.

A mí nunca me apasionaron las hermanas Gilda ni la familia Cebolleta –si bien el abuelo me hacía gracia con sus batallitas-, el que me gustaba bastante era Anacleto “agente secreto”. Pero yo era de Ibáñez, a mi Vázquez no me subyugó, pero claro, yo empecé a leer a Ibáñez cuando Mortadelo ya era un clásico y después de que Vázquez hubiera sido defenestrado. Yo no crecí con el Vázquez ídolo del tebeo. Yo fui de Mortadelo. Pero esa no es la cuestión en la película.

La cuestión son aquellos tiempos y ese personaje llamado Manuel Vázquez. Y tengo que dar las gracias a que haya directores como Oscar Aibar que nos acerquen a la realidad de personajes que tanto significaron para este país… pese a que puedan caer en el olvido. Me acordé de la película “De Lovely” sobre la vida de Cole Porter. Se estrenó en España y no tengo ni idea de cuanta gente fue a verla, pero no tendría sentido que su taquilla superara a “El Gran Vázquez”. En esta país solo unos cuantos atontados sabemos –y nos fascina- quien era Coler Porter…pero eso sí, seguramente la gente fue a verla simplemente porque era una producción americana. No entiendo que El Gran Vázquez pueda pasar sin pena ni gloria, todos somos más de Vázquez que de Porter, y lo digo mientras escucho Night and Day.

De todas formas y vaya quien vaya a verla, para mí fue una noche agradable de cine de madrugada en una sala de Madrid.

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