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Notas de Mr. Kite

¿Quieres comerte el cordero de una vez?

¿Quieres comerte el cordero de una vez?

Stephen tenía un corderito, Stephen tenía un corderito, Stephen tenía un corderito.

Pero le daba igual. 

Stephen corría entre calles mojadas, la lluvia cae de forma incesante y tienes la chupa empapada. No sabía dónde ir. Stephen tenía un corderito. La lluvia invernal es molesta porque no te deja un minuto para recuperarte, se conjuga con el frío y te hace sentir como Sísifo al ver de nuevo la piedra rodar montaña abajo.

Stephen no sabía qué hacía en un callejón oscuro plagado de charcos y calado hasta los huesos. 

Stephen tenía un corderito. 

Stephen nunca creía en lo que decía, por eso se fiaba más de él cuando estaba callado. Estaba a punto de encender un cigarro pero la lluvia y el aire se lo hacían imposible. Además las manos le temblaban. 

Stephen tenía un corderito. 

Stephen no escuchó ninguna canción de pequeño. Creció entre palabras, sin melodías, contemplando la estupidez. Pensó en ello y entonces, solo, mojado, en el callejón, supo porqué estaba allí. Stephen tenía un corderito. Stephen volvió a casa. Y no tenía ningún corderito. Solo tenía deseos irrefrenables de ser aceptado. Se compró un disco, lo escuchó, y sonrió.

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