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Notas de Mr. Kite

Los días son raros

Los días son raros

Bueno,

Los días son raros, de pronto hay sol y las nubes están entretenidas en una sesión de meditación zen. El ambiente es semicálido y la luz no se ve alterada por penumbras invernales. El aire se estremece de emoción por hilos de motas de polvo luminosas y te quedas mirando ese aire pensando en cómo sería con una sonrisa amada enfrente de ti.

Los días son raros porque no es que te gusten sino que te hacen pensar en cada instante de placer que tan solo imaginaste y que volaron hacia la estantería del deseo. Puedes recordar los paseos o las luces de un coche escondido a plena luz del alumbrado público. Puedes no olvidar noches de largas frases y conversaciones a oscuras, donde el querer y el conformismo se revolvían en una mezcla de líquido difícil de decir.

Los días son raros porque si deseas o si no deseas, en uno y otro caso te quedas siempre deseando que el momento fuera el contrario, con la absoluta certeza de que si así fuera seguirías deseando el contrario.

Los días son raros porque el invierno juega a ser primavera y se te olvida que la ropa que tienes en el armario es gris y de abrigo. Y te gusta ponértela para protegerte de las miradas del público, de la mirada del frío.

Imagina caminar por Udine, cerca de Venecia, con el panorama invernal alrededor mientras tus paso están arropados por un chaquetón gris de paño gruego y una bufanda cubriendo tu delicado cuello.

Como diría Gari Sandance, los días son raros pero me preocupa que estés bien, o mejor, o simplemente con ganas de reir pese a que respondas una de cada diez de mis preguntas.

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