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Notas de Mr. Kite

El Ascensor (Texas Love'em) - Miércoles Tarde (1)

El Ascensor (Texas Love'em) - Miércoles Tarde (1)

(...continuando...)

 

MIÉRCOLES TARDE

Tenía la sensación de que la semana había comenzado siendo yo un doble en una película de Robert de Niro, porque, lo que era para mí, el lunes fue inexistente. Me levanté a las 5 de la mañana ya que el domingo entero me tiré de la cama al sofá y del sofá a la cama, intentando reponer fuerzas y líquido después de la noche anterior. Sé que me llevaron a casa, al parecer fue Germán que es un tipo muy pulcro y no bebe alcohol. Más le valdría beber algo, no sé cómo sino puede haber sobrevivido a la ruptura con Elena. Con lo bien que folla...claro que lo mismo es gay…no me pareció mala idea cuando lo pensé, por eso lo de que podía ser amigo de Elena. Yo no podría ser amigo de alguien que folla como Elena, salvo que me desahogara antes de verla. De no ser así estaría intentando seducirla a cada instante. Y eso es muy cansado, sobre todo para alguien con mi éxito. Serían demasiados instantes.

Lo curioso es que yo sin saberlo la había seducido y eso hizo que el lunes, a partir de las doce de la mañana mi ego adquiriera proporciones descomunales. El domingo había pensado en Silvia todo el día…bueno, en realidad todo el día que estuve consciente y con capacidad para pensar lo cual debieron ser alrededor de doce minutos. Estuve despierto más tiempo pero daban la final de la Charity Shield inglesa, y después un resumen de la supercopa de Italia que me tragué enterito. Soy un loco del fútbol, me trago todo. El pensar en tragarme todo me hace pensar en Elena, ¿será ella también así?. Seguramente, me dije.

Tras el domingo reparador vino el lunes anodino en la oficina. Un ingeniero como yo que empieza a adquirir responsabilidades como jefe de proyecto debería tener mayor motivación. Eso me digo yo mientras sigo pensando que eso de trabajar es el único medio que conozco de tener dinero. Pensar así suele crear cierta desvinculación con el patrón. Pienso en el término patrón, palabra maravillosa profusamente utilizada a principios del siglo XX. Ahora las empresas no son como en el siglo XIX y el ocio tampoco. Así que en vez de sentirnos explotados y protestar por ello, lo que queremos es divertirnos y protestamos si no nos dejan, que para el caso es lo mismo.

Y ahí estaba yo como jefe de proyecto, pensando que las cosas hay que hacerlas lo mejor que se puede por aquello de no estafar al patrón, pero con una vinculación meramente comercial con quien me paga. Siendo esta mi actitud me fui dando cuenta que mi jefe está encantado conmigo. Al menos eso dice. Y si él está encantado, ¿quién soy yo para cambiar mi actitud?

(...continuará?)

 

 

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