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Notas de Mr. Kite

El ascensor, Texas Love’em - Viernes Tarde (6)

El ascensor, Texas Love’em - Viernes Tarde (6)

(...continuando...)

 

Pensé que la había cagado, pero ¿cómo demonios suelta semejante estupidez?, lo siguiente que esperaba es que me mandara a la mierda. Así que tuve que terminar mi broma infantil.

-       Lo digo por el nombre…Paco. Tilla…ahora puedes tirarme a una papelera si quieres.

Se rió, unos timbales sucedieron a las trompetas.

-       Joder, qué malo. Nino, tío, eres capaz de mejores chistes y juegos de palabras.

-       Sí, es malo, vamos a por la cerveza a ver si me aclaro un poco entre las apariencias, los replicantes, tu novio y mi verborrea delirante.

-       Delirante seguro. Anda vamos al Parnasillo, ¿lo conoces?

 

Claro que lo conocía, había visto partidos de fútbol, había trasegado pintas con los amigos, había hablado de literatura con otros amigos, habíamos organizado conciertos y planes con mi pequeño grupo de rock and roll. Buen sitio…claro que había otros lugares de la zona donde también había hecho esas cosas. Lo que sí había quedado claro es que no pretendía ir al evento coloquio de la película y yo no sabía si decir algo porque, la verdad, me apetecía escuchar otras ciento cincuenta interpretaciones nuevas sobre Tyrell, Batty, Deckard, Rachel y unicornios. Pero también me apetecía contemplar a Silvia durante unos cuantos eones. Así que me olvidé de Blade Runner.

-       El Parnasillo, buena elección, la Guinness la tiran muy bien.

-       Pero la música es regular.

-       Sí, pero para eso ponen fútbol y rugby en ocasiones.

-       ¿Te gusta fútbol y el rugby?

-       Sí, por ese orden.

-       Curioso.

 

Esta conversación nos había llevado poco a poco al bar y allí nos sentamos tranquilamente, eran las siete y media de la tarde.

Para quien no haya estado nunca en El Parnasillo, el sitio sitúa a su entrada los retratos de Oscar Wilde flanqueado por Larra y por Espronceda –si no recuerdo mal- y había sido un café literario de esos de solera, desde el siglo XIX se tiraban los trastos a la cabeza nuestros escritores más famosos…y los menos famosos también. El nombre a mí me recordaba al simbolismo francés, y más concretamente a Baudelaire. Esto se me iba ocurriendo según cogíamos unas sillas para aposentarnos, y al son que se me ocurría lo iba desechando salvo que quisiera que Silvia saliera corriendo o que, simplemente, diera cabezadas de sopor. Decidí ser práctico.

-       ¿Una Guiness para celebrar que no somos replicantes?

-       Mejor un café para saborear la tarde.

-       Ah, perfecto, un café. Yo me decantaré por mi lado irlandés y pediré una Guinness

 

(...continuará?)

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