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Notas de Mr. Kite

El Ascensor (Texas Love'em) - Viernes tarde (2)

El Ascensor (Texas Love'em) - Viernes tarde (2)

(...continuando...)

Las cuatro y media y allí estaba Silvia sentada tomando un café en una de las mesas de la cafería de la filmoteca. Esas mesas cuadradas de hierro negro que tan de memoria me conocía por mi pasión por el cine…o por lo pedante, que uno nunca sabe exactamente porqué le gustan tanto las cosas que la gente normal suele ignorar. No sueles encontrarte con gente que sabe quien es Vincent Minelli…o menos aún William
Wyler, aunque hayan visto Ben Hur. Claro que Ben Hur ya no suelen ponerla en la tele, ahora ponen Gladiator que es más bizarra. Aunque ver al Heston siempre es un poco…fuerte. Pero claro, eso para mí, que el blanco y negro me fascina y las películas mudas no me suponen una barrera.

Allí estaba Silvia con su café, puntual y leyendo un folleto. Me acerqué después de quedarme una eternidad contemplándola y pellizcándome la pierna por el bolsillo del pantalón para despertarme, no fuera a ser todo un sueño. Y con ese temor de despertarme me hice un cardenal que luego vería en el muslo. Me olvidé de que me estaba pellizcando porque andaba pensando que si era un sueño lo mejor era seguir con él a ver si tenía una polución nocturna en un polvo apoteósico donde aparecieran las trompetas de Jericó derribando cualquier muro que se interpusiera entre nosotros. Pero no era así, no oía trompetas y noté la picazón del pellizco. Me acerqué a la mesa cuando noté que una lágrima corría por mi mejilla. Joder, sí que me había hecho daño el pellizco.

-      Hola Silvia, o quizás debiera decir ¿te gustan los búhos? –la frase sería una tontería para cualquiera, suena extraña, pero es más o menos lo que le dice Rachel a Deckard cuando le conoce, o sea Sean Young a Harrison Ford. Ingenioso, pensé, menuda forma de llegar.

- ¿Perdona?, o sea, hola Nino, pero…¿si me gustan los búhos?, ¿por qué esa pregunta?

He aquí al inefable Nino una vez más saliendo a hombros por la puerta grande del Circo de los Estúpidos. De nuevo en la pista central dando muestras de una torpeza inconmensurable, el gran –sonido de tambores- ¡Niiino!

Era evidente que o no era una freakie o yo era demasiado freakie para nadie. Lo segundo era seguro. Luego la disyunción no era tal, solo quedaba por averiguar si ella lo era algo.

- Anda, -puse cara de extrañeza-, ¿no sabes la frase dónde sale?

- Pues no.

- Joder, bueno, perdona por la pedantería –en ese momento mi cabeza estaba creando el guión de una nueva serie de gilipollas enproblemas, casi tenía confeccionados 23 capítulos de veinte minutos cada uno, a la vez que buscaba como no quedar como el perfecto imbécil que en realidad era-. Es lo que le dice Rachel a Deckard cuando le conoce.

- Hostias tío, sí que eres freakie. A mí me gusta, pero no hasta ese punto.

 

(...continuará?)

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