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Notas de Mr. Kite

TANGO 10 - ESTROFA NOVENA – Parte 6 de la letra del segundo deseo

TANGO 10 - ESTROFA NOVENA – Parte 6 de la letra del segundo deseo

Aquella mañana era turbia. El hecho de no ir puntual al trabajo se traducía en un enorme esfuerzo mental, y ello le impedía concentrarse en Livia, y ahora ella estaba en el bar para compartir un desayuno con él así que decidió que quizás lo mejor sería dejar el desayuno para otro día y aguantar los sinsabores del metro. El terror que le inundaba el cuerpo por la posibilidad de que Livia se fijara que estaba allí y le saludara…o peor aún, que no le saludara, esa sensación era horrible y, puestos a apostar, decidió simplemente no jugar a los dados. Cualquier cosa podía sentarle mal así que con el libro delante suyo hizo una maniobra suave y se dirigió a la salida del bar, una vez en la calle observó que había cogido la mejor de las opciones y tomó rumbo, de nuevo, al metro.

En el camino se detuvo en un kiosco de prensa mientras un humor desabrido iba taponando cada uno de sus poros. El kiosco era regentado por Manuel, conocido de Gari por la asiduidad con que paraba cada día al volver del trabajo en él y cimentada esa amistad por alguna que otra caña a las 9 de la noche en El Golpe. Pero esa mañana Gari estuvo a punto de mandar a la mierda a Manuel por la sencilla razón de que se habían terminado los ejemplares de una colección de cine cuyo número traía la película Julio Cesar de Manckiewicz. Hubiera matado por esa película...así que desde algún punto de vista podría decirse que su amigo el kiosquero había tenido suerte.

- Joder Manuel, sabías que quería ese DVD, podías haberme guardado uno -le espetó Gari clavándole la mirada.

- Ya, perdona. Pero es que te tenía guardado uno y debe haberlo vendido mi madre ayer al mediodía. De todas formas, si quieres te la grabo...-apenas hubo comenzado este ofrecimiento Manuel cuando Gari se había dado la vuelta con una breve y cortante despedida.

- Ya te contaré tío...puta mierda.

Manuel se quedó perplejo, no era normal que Gari le hablase así, menos aún desde hacía un par de meses, desde las últimas vacaciones de Gari, ya que compartieron muchas tardes de charla de tontos como decía la madre de Manuel.

- Mira estos dos, se juntan y todo el rato hablando de películas y de tebeos, como si fueran quinceañeros...en vez de salir por ahí. Anda que una ya no sabe qué pensar.

La madre de Manuel se encargaba del kiosco los mediodías y así él podía tener su ratito de comida tranquila. A veces Gari y Manuel comían juntos, sucedía cuando Gari estaba de vacaciones y bajaba tarde al mediodía a por el periódico. En las últimas vacaciones de Gari esto se convirtió en costumbre. Aprovechando las horas de ocio que unas vacaciones concedían, Gari se liaba a charlar de tebeos con él y les daban las dos de la tarde, hora en la que llegaba su madre y se iban a algún bar de tapas de la zona a zamparse raciones de oreja y bravas mientras dilucidábans si Batman era más meritorio que Superman, o si el comic europeo era superior en temática al americano.

Total que aquella mañana ante la desgracia típica de cinéfilo freakie inadaptado, Gari volvió a navegar entre las olas de canciones que tenía en su mi cacharro mp3 y dirigirse al trabajo monótono de todos los días. Renunció a encontrarse con la que meses más tarde sería el tatuaje más indeleble de los fracasos de su alma. Livia sonaba a otoño, y a Gari el otoño le puede. Mientras el futuro sobrevolaba los pasos de Gari para que todo condujera a desencuentros dolorosos y momentos de felicidad indescriptible, Gari pensaba en Livia con las velas de su mente desplegadas, se dió cuenta de que entre todos los deseos que poseía, el de Livia avanzaba rapidamente al primer puesto.

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