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Notas de Mr. Kite

TANGO 8 - ESTROFA SEPTIMA – Parte 4 de la letra del segundo deseo

TANGO 8 - ESTROFA SEPTIMA – Parte 4 de la letra del segundo deseo

Y con la decisión tomada Gari devolvió su pensamiento al lugar donde se sentía cómodo y placentero desde el día de ayer. Pensaba Gari que el espacio que queda entre dos personas es un pequeño lugar donde la confianza se entretiene jugando con la sonrisa y los deseos de ambos. Si la sonrisa es placentera y los deseos tranquilos la confianza salta de uno a otro dando paseos agradables donde la serenidad se aposenta de forma calmada. 

En esos pensamientos andaba mientras caminaba por la Gran Vía madrileña. Se dirigía hacia El Golpe, ya sin otro motivo que el de darse una satisfacción matutina a base de descafeinado y tostada con mermelada. Se dirigía a un café y no tenía muchos pensamientos turbios, aunque la idea explicar el qué sería la confianza con una persona como Livia y los mecanismos para que ésta apareciese le daba vueltas. 

Se dirigía a un café y no tenía muchos motivos para llorar salvo que un sol luminoso se empeñaba en martirizar sus restricciones pensativas. Las restricciones de Gari eran curiosas, aleatorias, con su propio ritmo y desveladas a su gusto sin reglas escritas, pero no le gustaba que llegaran impuestas de forma lumínica. Se dirigía a un café y había decidido ponerse algo de música en el trayecto, el invento ese del mp3 le tenía fascinado porque podía tener el café a 5 días de camino que en el mismo no repetiría ninguna canción de las que tenía grabadas en el pequeño aparatito que llevaba en su bolsillo. 

La música golpeaba sus  tímpanos y por cada fotón que veía vagar cargado de luz se ponía una canción más lluviosa. A ver si con ello conseguía que una nube se diese por aludida y cubriera parte de Madrid a la altura de la Red de San Luis. Se dirigía hacia El Golpe y pensaba en mermelada de melocotón, "es la que más me gusta" se decía a sí mismo. Gari era muy tradicional. Le gustaba el palacio de Buckingham y el cambio de guardia. 

Y también le gustaba caminar por las mañanas frías, con la brisa enrojeciendo levemente sus pómulos y escondido en una de sus bufandas, protegido. Las bufandas son útiles para muchas cosas, y además son coquetas. Siempre había pensado que un doctor en filosofía sin bufanda no era un intelectual, sino simplemente un titulado. La bufanda da un toque especial, un halo de elegancia, donde el estilo y lo bohemio se encuentran por azar alrededor del cuello. A Gari le gustaban las bufandas, pero nunca las mezclaría con mermelada de melocotón.

 

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