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Notas de Mr. Kite

El lodo del tiempo - 1 -

El lodo del tiempo - 1 -

Hace mucho tiempo escribí parte de lo que quería fuera un relato largo, junto con un amigo. Alguien me dijo que lo pusiera...pero me lo iba a revisar antes por aquello de la ortografía. No me lo revisaron. Me quedé esperando nada. En una postura típica mía. Y a fuerza de esperar, desesperé.

Estos son esos trozos que no se volvieron nada...

 

PRIMERAS LLUVIAS

Llevábamos meses esperando el traslado pero la orden no llegaba. Era invierno, y tras haber disfrutado de unos días del permiso de Navidad me di cuenta de que eso ya no importaba, estaba de nuevo impregnado de tierra, encerrado en un túnel de  desolación. No había más que alzar la vista sobre la trinchera para observar un campo de muerte. Y seguíamos esperando. La última ofensiva considerable fue hace..., hace mucho y la verdad es que ya no teníamos el ímpetu que nos llevó a alistarnos hace unos cuatro años, el ímpetu se nos había quedado esparcido en la tierra, con los compañeros caídos, con los pueblos quemados, mientras que nuestro universo había quedado ostensiblemente reducido al sabor del barro y a la espera del sonido de un silbato que nos indicase un nuevo avance, quizás el último, y todo acabaría. Pero eso tampoco llegaba y mientras tanto habían pasado ya varios meses, varios meses en los que el movimiento se había convertido en un recuerdo, varios meses en los que la pasividad física incitaba a la actividad mental, y quizás lo peor que puede hacer un soldado es pensar, a los mandos les gustaría que no pensásemos, así les sería más fácil todo, pero cuando se pasan decenas de días sin apenas ejercicio, entonces piensas, te haces preguntas y es cuando el asunto se complica. Y esos pensamientos ya no te abandonan.

 

DE PERMISO

La Navidad del 17 la pasé en casa, fue un permiso de una semana, una semana en que puse en orden todas las ideas que habían ido surgiendo meses antes en las trincheras de Macedonia, en un frente estabilizado desde hacía tiempo. Desde principios del verano no había vuelto a ver a mis padres y a mis dos hermanas, ellos no habían cambiado, yo si.

Al llegar a Viena, mi hermana mayor Olga, fue a esperarme a la estación, siempre preocupada por su pequeño hermano Maximillian, Maxi para la familia -salvo para mi padre, para él soy Maximillian-, Max para el resto. Olga era tres años mayor que yo pero hacía que me sintiera como un niño indefenso ante las maldades del mundo. Acababa de venir del frente pero no importaba, Olga tendría la misma actitud y yo estaba complaciente así que la dejaría actuar, ya se cansaría, o quizás ya me cansaría yo. Sin embargo cuando me vio, no fue como yo esperaba, yo creía que me daría un beso y sin más dilación empezaría a preguntarme que tal estaba, como nos trataban, si comía bien, si pasaba frío..., pero no, sin mediar un saludo lo primero que hizo fue darme un abrazo que me dejó algo más que aturdido.

Nunca supe que intención había en ese abrazo, pero todavía no se me ha olvidado que en ese momento sentí que no era invierno, que la guerra no existía, que mi hermana no era mi hermana, y que yo no era su hermano, pero solo fue un instante. Fue un abrazo cálido, tan cálido que no parecía provenir de una hermana, inevitablemente tenía el matiz protector característico de Olga para con su hermano Maxi, pero además me pareció intuir que buscaba algo, no solo quería protegerme, quizás pensó que ya podía pedirme ayuda, ella a mi; luego entendí algo más de aquella sensación.

 

 

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