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Notas de Mr. Kite

Un día de agosto a las 12.30 de la mañana

Un día de agosto a las 12.30 de la mañana

Monto en avión de vuelta de vacaciones...descubro una canción gracias a mi cacharrito MP3. LLevo unos cuantos gigas de música y algunos discos nunca los he escuchado enteros así que le doy al azar para que me vaya soltando canciones. Suena Stockholm Syndrome, Yo la tengo. Me encanta, no la conocía y me llega de un plumazo hasta dentro, son las canciones que a uno le gustaría hacer. Sencilla y directa. Con una parte de guitarra distorsionada -siempre me temo que Yo la tengo me va a meter eso, y a veces es fantástico-, suena muy bien. La sigo, miro la letra, me gusta, sencilla también y agridulce. Melancólica, en plan perdedor. Nueva tarea, investigar a Yo la tengo.

Tengo una molesquine de imitación así que tendré que rellenarla. Mientras tanto relleno estos espacios cibernéticos. Julio ha sido un erial y agosto algo reseñador. Veremos como empieza septiembre.

Las vacaciones, otras vacaciones, son más de lo mismo y supongo que si escribo sobre ellas no sería muy distinto a lo que haya escrito otros años. Podría hacer el ejercicio de realizar la comparación pero me da vértigo verme repitiéndome una y otra vez. Lo del eterno retorno de lo mismo está bien para un adolescente que está dejando de serlo. Cuando miras la adolescencia como algo antediluviano prefiero situarme en ciénagas distintas o, al menos, si son las mismas, observarlas como lo que son, ciénagas y no paraísos de lo diferente y del esnobismo anhelado. Los paraisos no existen cuando nunca has podido definir tu ideal de felicidad.

Mientras tanto agosto se va despidiendo con la sonrisa del que sabe por seguro que dentro de un año vendrá con fuerza retomada e inundando de amores de verano los cuerpos de los adolescentes. Con la fuerza de las vacaciones organizadas y de los sentimientos cauterizados.Con las tensiones del rozamiento y los conciertos multidimensionales. Con el calor, que de eso se trata cada agosto.

Quizás las vacaciones son un secuestro, quizás no queramos volver a la rutina porque nos sentimos bien en este secuestro estival. Quizás amamos a nuestro captor después de soportar su crueldad, después de privarnos de nuestra rutina alternativa. ¿Puede decirse que una rutina sea alternativa?

Otro agosto para la cartera, llega septiembre, ¿cómo va vuestro síndrome de Estocolmo?

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